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  • “Karate Kid: Legends” – El regreso de los mitos y el nacimiento de una nueva leyenda

    julio 27th, 2025

    Pocas franquicias cinematográficas han trascendido décadas y generaciones como lo ha hecho “Karate Kid”. Desde su estreno en 1984, el aprendizaje de Daniel LaRusso bajo la guía del Sr. Miyagi se ha grabado en la memoria colectiva de millones y ha inspirado incontables historias de superación personal. Ahora, en pleno 2025, el fenómeno renace gracias a “Karate Kid: Legends”, una película que promete emoción, nostalgia y nuevos caminos para quienes se acercan por primera vez a esta saga mítica.

    Del dojo a Nueva York: una nueva generación

    La nueva entrega, dirigida por Jonathan Entwistle y escrita por Rob Lieber, cambia el foco y presenta un rostro fresco: Li Fong, interpretado con carisma por Ben Wang. Lejos de las soleadas costas de California o los paisajes de Okinawa, la trama arranca en Pekín, donde Li, prodigio del kung fu, vive con su madre hasta que una tragedia familiar los obliga a emigrar a la bulliciosa Nueva York. Este cambio de escenario no es trivial: la ciudad simboliza el desconcierto, el duelo y la oportunidad. Li debe reconstruirse lejos de su hogar, aprender a encajar y enfrentarse, como tantos protagonistas antes que él, al acoso escolar y a la soledad que invade al extranjero en tierra desconocida.

    Pero “Karate Kid: Legends” nunca olvida sus raíces. Cuando la vida de Li da un nuevo giro tras intentar proteger a un amigo, se inscribe en un torneo de kárate sin grandes expectativas. Aquí entra en escena el mítico Sr. Han –Jackie Chan, siempre magnético–, maestro de kung fu y tutor espiritual del joven. Su papel trasciende la instrucción física: es el ancla moral y emocional que recuerda al público que el auténtico combate siempre es interior.

    Un homenaje a la saga y un puente entre mundos

    La gran sorpresa, y uno de los mayores atractivos para los seguidores de la saga, es la esperada colaboración entre el Sr. Han y el mismísimo Daniel LaRusso (Ralph Macchio). Por primera vez, dos “Karate Kids” –y sus dos universos– convergen en una misma historia, permitiendo el sueño de generaciones de fans: ver a Chan y Macchio compartiendo dojo y filosofía. La trama no los enfrenta, sino que los invita a sumar fuerzas para ayudar a Li en su evolución: Han le aporta la disciplina y la sabiduría del kung fu; Daniel le enseña la postura, la táctica y la esencia del kárate Miyagi-Do.

    Esta fusión de estilos, culturas y generaciones le da frescura a la película y reinventa la fórmula clásica para una audiencia que ya no es solo la de los ochenta, sino hijos y hasta nietos de aquella primera ola de entusiasmo marcial. El legado de Cobra Kai –la serie que revitalizó la franquicia– está muy presente pero sin acaparar el protagonismo; es un guiño, un eco, más que una dependencia.

    Drama, acción y corazón

    “Karate Kid: Legends” no olvida que, más allá de las patadas y los torneos, la verdadera lucha está en superar miedos, errores pasados y la presión de ser diferente. Li no quiere pelear, pero las circunstancias lo fuerzan a hacerlo, tanto en la escuela como en la vida. El guion logran equilibrar momentos de gran emoción –la relación de Li con su madre, su amistad incipiente con Mia Lipani (Sadie Stanley) o la reconexión con sus raíces mediante la figura de Victor Lipani (Joshua Jackson)– con las tensiones y las rivalidades propias de cualquier buen kárate-drama adolescente.

    Las escenas de entrenamiento y combate están filmadas con la espectacularidad de la tecnología actual, pero sin perder el toque artesanal y cercano que hizo mítica a la saga. Hay humor, sobre todo en los intercambios entre Daniel y Han, y un homenaje constante al legado del Sr. Miyagi. Pero sobre todo hay un mensaje: la fuerza no reside solo en el puño, sino en tener motivos para pelear, saber cuándo mostrar compasión y entender que la derrota es parte necesaria del aprendizaje.

    Un digno heredero

    No es casualidad que la película llegue cuando la nostalgia está más viva que nunca y la cultura pop revaloriza el significado de “mentor”, “honor” y “superación”. “Karate Kid: Legends” cumple la difícil tarea de homenajear el pasado sin quedarse atrapada en él. Regala a los viejos fans un reencuentro con sus referentes y abre la puerta a nuevas leyendas, nuevos retos y nuevos aprendizajes para quienes descubren este universo por primera vez.

    El resultado: un filme entretenido, emotivo y vibrante, capaz de hablar tanto al niño que aprendió a encerar y pulir con el Sr. Miyagi como a la generación digital que sabe que, a veces, la vida te obliga a empezar de cero en un país ajeno. El ciclo se renueva, el espíritu de la saga se mantiene intacto, y el kárate –como metáfora de la vida– vuelve a brillar con fuerza en la gran pantalla.

    Paco Encinar

  • julio 26th, 2025
    “Drácula: A Love Tale” — Luc Besson reinventa el mito, entre la melancolía y el deseo
  • “Drácula: A Love Tale” — Luc Besson reinventa el mito, entre la melancolía y el deseo

    julio 26th, 2025

    A veces el mito debe reinventarse, abrir nuevos surcos en un terreno saturado de imágenes, sangre y maldiciones. En 2025, el cineasta francés Luc Besson —célebre por obras tan dispares como “El quinto elemento” y “Léon”— se lanza con valentía a uno de los relatos más revisitados de la literatura y el cine: Drácula. Pero su Dracula: A Love Tale no es una versión más, un eco gótico ni una simple actualización moderna. Es, sobre todo, una apuesta por la emoción y el drama romántico, un viaje al corazón herido de Vlad —el hombre antes que el monstruo—, envuelto en los escenarios irrepetibles de la Belle Époque y la Europa helada, y con un reparto que promete redefinir el arquetipo del vampiro en la gran pantalla.

    Del príncipe al monstruo: una tragedia romántica

    La película arranca en el siglo XV, en el momento exacto en que un príncipe, Vlad II (Caleb Landry Jones), es despojado de su gran amor. En un gesto desafiante, renuncia a Dios —el único consuelo posible que le quedaba— y es maldecido a transitar los siglos, inmortal y solitario, cargando a cuestas un pozo de culpa y de recuerdos. No hay alivio en la eternidad: la condena de Vlad, como la de Sísifo contemporáneo, es amar y perder para siempre. Besson pone el foco en ese dolor atemporal, alejando la cámara del mero monstruo y permitiéndonos vivir el desgaste de los siglos.

    Décadas de adaptaciones han tendido a profundizar en el horror, a exagerar el espanto, el colmillo, las túnicas, el castillo y la niebla. Pero Besson busca otra cosa: en palabras del propio director, su propósito fue dotar al personaje de una “vulnerabilidad melancólica, más cercana a la añoranza y el remordimiento que a la amenaza oscura”. El Vlad de Caleb Landry Jones está lejos de la monstruosidad caricaturesca: su fragilidad, la desesperación en los ojos, la búsqueda incesante de redención y la obsesión con recuperar el amor perdido, construyen un arquetipo maravillosamente humano, incluso cuando los colmillos asoman.

    París y el arte de recrear el mito

    La narrativa da un salto de siglos y se traslada a un París de finales del XIX, exquisitamente reconstruido, desbordante de luz eléctrica, fiestas y secretos. Aquí, Vlad, ya convertido en el legendario Drácula, cree encontrar en Mina (Matilda De Angelis) la reencarnación de su difunta esposa. La ciudad del amor se convierte entonces en el escenario de una búsqueda frenética: Drácula perseguido y a la vez perseguidor, siempre amenazado por la posibilidad de perder, de nuevo, a su único consuelo. Christoph Waltz, siempre magnético, encarna a uno de los antagonistas que dan réplica a la obsesión trágica del protagonista.

    No faltan los elementos clásicos: la sombra acechante, los símbolos religiosos, el castillo nevado —para el que Besson y su equipo recrearon más de 4,000m² de decorados— y las persecuciones a lo largo de cementerios y callejones húmedos. Pero, lejos de apoyarse únicamente en el cliché visual, la cinta sobresale por su forma de dibujar, casi pictóricamente, los claroscuros de la psicología del vampiro. La fotografía a cargo de Colin Wandersman y la primera colaboración musical de Danny Elfman con Besson dotan a la película de una atmósfera entre el ensueño y el delirio.

    Un Drácula para nuevos tiempos

    La película se sitúa, así, a medio camino entre el homenaje nostálgico al horror gótico y la revisión cultural del mito, en tiempos de refundaciones e hibridaciones. Si en los años noventa la versión de Coppola con Gary Oldman supuso la canonización del Drácula sensual y trágico, Besson da un paso más y explora los traumas, la soledad, el agotamiento de un cuerpo y un alma condenados a eternizar la ausencia.

    Gran parte del mérito reside en la interpretación de Caleb Landry Jones: según el propio director, el guión fue escrito pensando en él, y el actor corresponde con un trabajo físico y vocal impecable, desmarcado del terror clásico pero cargado de un dramatismo contenido que lo acerca más al antihéroe que al demonio. La preparación incluyó una exigente pérdida de peso, un riguroso trabajo sobre el acento rumano y una apuesta por el matiz más que por el énfasis.

    Más allá de la sangre

    Lo fascinante de esta nueva versión, que pronto llegará a los cines españoles (estreno: 21 de noviembre de 2025), es su capacidad para implicar emocionalmente al espectador. Aunque no renuncia a los elementos macabros ni a la sangre, Dracula: A Love Tale aborda el amor y la obsesión como formas de condena, como los verdaderos males que acechan tras la inmortalidad. El vampirismo, aquí, no es sólo una maldición sobre el cuerpo: es la perpetuación de un deseo insatisfecho, una búsqueda interminable de plenitud en tiempos que siempre cambian, como la ciudad que cobija su drama.

    Expectativas y lugar en el cine europeo

    Rodada en inglés, con ambición visual y un presupuesto estimado en 45 millones de euros —una de las mayores apuestas recientes de EuropaCorp y LBP Productions—, la película aspira a ser un hito en el cine fantástico europeo. El propio avance y las imágenes difundidas anticipan una cinta capaz de atraer tanto a los seguidores de los clásicos como a quienes buscan un relato de pasiones complejas y románticas.

    El estreno, esperado en Francia el 30 de julio y en España el 21 de noviembre, viene precedido de un tráiler que apunta a una obra sin miedo a la sangre ni al corazón. Un Drácula que, en vez de limitarse a aterrar, nos invita a compadecer su largo viaje por la noche y el recuerdo.

    En resumen, con Dracula: A Love Tale, Luc Besson no solo nos ofrece sangre fresca al mito, sino una nueva mirada sobre el amor, el tiempo y la soledad. Una crónica visual que nos hace preguntarnos si acaso el mayor castigo para un monstruo no es la muerte, sino el eterno deseo de un amor que jamás podrá restaurarse.

    Paco Encinar

  • “Babe, el cerdito valiente»: El pequeño héroe que conquistó Hollywood y nuestros corazones

    julio 26th, 2025

    En la década de los noventa, una película sencilla y a la vez mágica llegó a nuestras pantallas para conquistarnos con una historia de ternura, valentía y superación. “Babe, el cerdito valiente” no solo fue un éxito en taquilla, sino que se ganó un lugar especial en el corazón de varias generaciones, gracias a su mensaje, sus personajes y la impecable mezcla entre animales reales, animatrónica y efectos especiales. Hoy, varias décadas después, recordar esta película es difícil no sentir una nostalgia cálida, ese sentimiento amable que nos transporta a una época en que el cine familiar sabía tocar el alma sin artificios.

    La historia de Babe es la de un cerdito huérfano que es adquirido por un granjero que intuye algo especial en él. En un mundo donde cada animal tiene un papel asignado, Babe desafía todas las normas para convertirse en perro pastor de ovejas, algo impensable para cualquier cerdo. La película nos lleva de la mano por sus días de aprendizaje y por su lucha silenciosa por ser aceptado, recordándonos que la amabilidad y la determinación pueden cambiar la vida.

    Detrás de esta entrañable historia se esconde una hazaña de producción que pocos conocen. Para dar vida a Babe en pantalla se emplearon nada menos que 48 cerditas diferentes, todas hembras; una decisión práctica para evitar mostrar genitales visibles que los machos tendrían y para conservar un aspecto dulce y uniforme en la pantalla, dado que los cerdos crecen rápidamente y requerían reemplazos constantes durante el rodaje. Pero no solo se trató de un solo cerdo o unas pocas escenas: participaron más de 500 animales entrenados, entre perros, ovejas, caballos, gatos y otros, todos coordinados por un equipo de expertos liderado por Karl Lewis Miller, uno de los entrenadores más respetados del cine.

    La película no solo se apoyó en la ternura y el carisma de sus protagonistas animales, sino que innovó con el uso de animatrónica para crear los primeros planos y escenas en que Babe “habla” y expresa sus emociones. Esta combinación de técnicas cautivó a la audiencia y fue reconocida con el Oscar a los mejores efectos visuales, uno de sus siete premios a los que aspiró aquella temporada. Además, la película capturó ese espíritu ganado a pulso, mostrando un mundo rural reconfortante, lleno de personajes únicos y un mensaje que trasciende la pantalla: la importancia de la empatía, el valor de la individualidad y la fuerza de la bondad.

    Más allá del éxito comercial y la innovación técnica, “Babe” marcó un antes y un después en la carrera de su protagonista humano, James Cromwell, que tras interpretar al granjero Hoggett se convirtió en vegano y activista por el bienestar animal, reflejando el poderoso impacto que esta historia tuvo también en la vida real. La película inspiró a muchos espectadores a reconsiderar la relación con los animales y a abrir su corazón a causas mayores.

    Cuando hoy se piensa en “Babe”, no solo evocamos la película, sino la nostalgia por un cine que desbordaba humanidad, sencillez y magia en igual medida, y que nos regaló un héroe improbable pero inolvidable. Babe dejó una huella imborrable como símbolo de valentía y amor, recordándonos que a veces los más pequeños pueden lograr las cosas más grandes. Una historia que, sin grandes artificios, sigue emocionando y enseñando, generación tras generación.

    Paco Encinar

    @kinestubecine

    #babeelcerditovaliente #babe #perritos #animales #curiosidades #amorporlosanimales #cerditos

    ♬ sonido original – Paco Encinar

  • “Veronica Electronica”: El Renacer Oculto de la Reina del Pop

    julio 26th, 2025

    El lanzamiento de Veronica Electronica es más que un simple álbum; es un viaje nostálgico al corazón de una época dorada en la carrera de Madonna y un testimonio del legado musical que marcó finales de los años 90. Cuando Madonna lanzó Ray of Light en 1998, no solo nos regaló uno de sus discos más emblemáticos, sino que también reinventó su sonido con una fusión audaz de pop y electrónica que conquistó al mundo entero. Fue un momento de metamorfosis artística, de madurez creativa y de búsqueda personal, reflejada en una música que aún hoy sigue siendo un faro para muchos.

    Ahora, veintisiete años después, Veronica Electronica emerge de las sombras del olvido, trayendo consigo las remezclas inéditas, las rarezas y una demo que permanecieron guardadas bajo llave. Es como si Madonna nos ofreciera un regalo íntimo, la otra cara de aquel magnífico disco, un reflejo menos pulido y más experimental que nos permite asomarnos a ese período decisivo de su vida. La reedición en vinilo plateado, parte de la elegante “Silver Collection”, añade ese toque físico tan preciado para los coleccionistas y amantes del formato tradicional, evocando tiempos donde la música era vivida también a través del objeto, del ritual de poner el disco y sumergirse en sonidos y sensaciones.

    Lo que más conmueve es la carga emocional de este proyecto. Madonna, en aquel entonces transformándose en madre, explorando nuevas dimensiones espirituales y artísticas, nos dejó entrever con Veronica Electronica su “otra mitad”, su alter ego que se llamaba Veronica, ese lado más oscuro, gótico y electrónico que se manifestó en una música envuelta en capas sintetizadas y beats envolventes. Los remixes de talentos como Sasha, BT, William Orbit o Victor Calderone no solo realzan el espíritu vanguardista, sino que también funcionan como cápsulas de tiempo auditivas, transportándonos a clubes y pistas de baile donde la experimentación sonora era rey.

    El demo Gone, Gone, Gone, producido por Madonna y Rick Nowels, es una joya escondida, una suerte de reliquia rara que nos recuerda que la creatividad suele germinar en terrenos inexplorados y que muchas veces quedan relegadas a lo invisible hasta encontrar el momento adecuado para brillar. Su reciente lanzamiento, repleto de emoción entre los seguidores, refleja cómo una canción puede revivir décadas después para conectar con nuevas generaciones y mantener viva la llama del pasado.

    Pero Veronica Electronica no es solo un ejercicio de nostalgia; es también un puente entre la historia y la modernidad. La canción Skin (The Collaboration Remix Edit), que se adelantó como single, muestra una voz madura y contenida de Madonna, sumergida en un potente manto electrónico, casi como si la artista dialogara desde el presente con ese pasado lleno de pulsaciones y efectos digitales. La presencia de inteligencia artificial en el anuncio del disco añade un matiz curioso: lo viejo y lo nuevo convergen, lo humano y lo artificial dialogan, reflejando quizá el propio camino de transformación de Madonna, figura legendaria que nunca deja de reinventarse.

    Este lanzamiento es también una conclusión esperada para los fans que durante años soñaron con este proyecto olvidado. Las críticas pueden variar, pero para quienes vivimos aquel momento y seguimos a Madonna como icono insustituible, Veronica Electronica representa un emotivo reencuentro con la artista en plena transición, con sus inquietudes y logros, con aquella audacia y sensibilidad que la convirtieron en una pionera de la música pop electrónica. Una cápsula sonora que revive la esencia de una etapa especial, un eco del pasado que resuena con fuerza en el presente.

    En definitiva, este álbum no solo recupera sonidos sino también imágenes, sentimientos y recuerdos: el brillo en la mirada de Madonna tras su maternidad, la búsqueda incesante de identidad, las batallas internas y, también, el triunfo de una mujer que supo transformar sus vivencias en arte. Con Veronica Electronica, el tiempo parece detenerse y retroceder para mostrarnos que la música, cuando es auténtica, es eterna. Y que aquella era de sintetizadores y beats seguirá vibrando en el aire mientras haya quien quiera escuchar, bailar y sobre todo, recordar.

    Epílogo: La Luz que Nunca se Apaga

    Quizás la mayor fortaleza de Veronica Electronica sea su capacidad para tender un puente invisible entre los fans de toda la vida y las nuevas generaciones. Quienes bailaron los remixes originales en clubes oscuros, encontrarán aquí una nueva excusa para regresar a una pista de baile interior: esa donde se mezclan la memoria, la emoción y el paso del tiempo. Para los más jóvenes, este álbum es una invitación a descubrir la Madonna más experimental: la artista que no temía arriesgarlo todo, que abrazó la electrónica sin dejar de ser la reina incontestable del pop.

    Así, este disco perdido y recuperado se convierte en un símbolo: no sólo de los cambios y regresos de Madonna, sino de la música misma, una corriente subterránea de energía lista para resurgir cuando menos lo esperamos. Porque cuando la Reina del Pop mira al pasado, siempre lo hace para reinventar el presente, y la nostalgia se transforma en futuro cada vez que su voz se fusiona, una vez más, con la electrónica.

    Paco Encinar

  • julio 23rd, 2025
    Ozzy Osbourne ha dicho adiós: el ícono del heavy metal ha cerrado su historia como la vivió, sobre un escenario
  • Ozzy Osbourne ha dicho adiós: el ícono del heavy metal ha cerrado su historia como la vivió, sobre un escenario

    julio 23rd, 2025

    El 22 de julio de 2025 quedará marcado para siempre como el día en que el mundo perdió a uno de los íconos más legendarios del heavy metal. John Michael «Ozzy» Osbourne, conocido universalmente como el “Príncipe de las Tinieblas”, falleció a los 76 años en su hogar en el Reino Unido, rodeado del cariño de su familia. Su muerte sorprendió y conmovió a millones de seguidores y a toda la comunidad musical, que recordó a un artista que no solo cambió para siempre el rostro del rock, sino que también fue un símbolo de resistencia frente a las adversidades más duras.

    Ozzy se despidió del público pocas semanas antes, el 5 de julio, con un último concierto histórico en Villa Park, Birmingham, su ciudad natal. Allí, junto a la formación clásica de Black Sabbath, brindó un show cargado de emoción y energía, en lo que sería su última actuación en vivo. Ese evento, bautizado como “Back to the Beginning”, reunió a la icónica banda por primera vez desde 2005 y sirvió como un cierre de ciclo para una carrera que abarcó más de cinco décadas.

    Nacido el 3 de diciembre de 1948 en un barrio obrero de Birmingham, Ozzy Osbourne tuvo un inicio humilde y turbulento. Desde joven, mostró una atracción especial por la música, influenciado por leyendas como The Beatles y Chuck Berry. Sin embargo, su camino no fue fácil: abandonó la escuela temprano y atravesó problemas legales y con el alcohol que casi terminan con su carrera antes de que esta comenzara realmente. Fue en 1968 cuando su vida cambió para siempre al formar Black Sabbath junto a Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward.

    El grupo lanzó su álbum debut en 1970, un disco que sentó las bases del heavy metal y cambió el rumbo del rock para siempre. Con discos como Paranoid y Master of Reality, Black Sabbath fue pionero en crear un sonido oscuro, pesado y potente, y la voz inconfundible de Ozzy se convirtió en la banda sonora de toda una generación. Sin embargo, su adicción y problemas personales llevaron a su expulsión en 1979, un golpe duro que parecía el final de su carrera.

    Pero Ozzy Osbourne demostró ser un luchador incansable. En 1980, lanzó Blizzard of Ozz, su primer álbum en solitario que incluyó clásicos inmortales como Crazy Train y Mr. Crowley. La colaboración con el virtuoso guitarrista Randy Rhoads elevó su música a otro nivel, y aunque la tragedia golpeó de nuevo cuando Rhoads falleció en un accidente aéreo, Ozzy siguió adelante. Durante los años 80 y 90, consolidó su carrera con álbumes como Diary of a Madman, No More Tears y Ozzmosis, colaborando con talentos como Jake E. Lee y Zakk Wylde.

    Además de su música, Ozzy se volvió una figura mediática gracias al reality show The Osbournes, que mostró su vida familiar con humor y sinceridad, acercándolo a nuevas generaciones. Junto a su esposa Sharon, quien fue su mánager y pilar fundamental, también creó el festival Ozzfest, que impulsó la escena metalera a nivel mundial.

    Los últimos años de Ozzy estuvieron marcados por la batalla contra enfermedades graves, incluyendo el Parkinson, y varios accidentes que afectaron su salud. Sin embargo, nunca perdió la voluntad de seguir haciendo música, lanzando álbumes recientes como Ordinary Man (2020) y Patient Number 9 (2022), donde se unió a estrellas como Elton John y Tony Iommi.

    Su legado es incalculable: más de 100 millones de discos vendidos, un lugar en el Salón de la Fama tanto con Black Sabbath como en solitario, y la influencia directa en innumerables bandas y artistas. Su estilo único, su voz inconfundible y su actitud desafiante convirtieron a Ozzy en un símbolo de la cultura rock y metal mundial.

    Ozzy Osbourne no solo fue un músico; fue un fenómeno cultural, un superviviente de excesos y tragedias que siempre se levantó para seguir adelante. Su nombre quedará grabado en la historia de la música como el auténtico “Príncipe de las Tinieblas”, cuya sombra perdurará en cada riff pesado y en cada acorde oscuro que el heavy metal haya tocado.

    Paco Encinar

    @kinestubecine

    Nos deja «El príncipe de las tinieblas». El mundo entero se despide de una de las mayores leyendas del heavy metal. #ozzyosbourne #noticias

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  • Un siglo de ‘La quimera del oro’: el hambre, el genio y el escándalo detrás de la obra maestra de Chaplin

    julio 23rd, 2025

    Aunque su gran apogeo llegaría en décadas posteriores, el star-system empezó a imponerse en Hollywood desde los años 10 como el modelo favorito de los grandes estudios para contratar actores. Para proteger su independencia creativa y financiera frente a estos estudios, algunas de las estrellas más destacadas de la época —como Charles Chaplin, el director D. W. Griffith, Mary Pickford, apodada ‘la novia de América’, y su esposo, el famoso actor de aventuras Douglas Fairbanks— invirtieron parte de sus fortunas en fundar United Artists a principios de 1919. Esta productora y distribuidora independiente se basaba en un modelo que repartía la mayor parte de las ganancias entre los propios artistas, en lugar de dejarlas en manos de los ejecutivos de los estudios.

    Sin embargo, cuando se creó United Artists, Chaplin aún tenía un contrato vigente con First National, con la que ya había producido éxitos como Vida de perro (1918). Intentó romper ese contrato pagando de su propio bolsillo, pero el estudio sabía el enorme valor de tener a Chaplin, convertido gracias a su personaje de Charlot en la mayor estrella del cine, y rechazó la oferta. Le exigieron completar las seis películas pactadas. Durante ese tiempo, Chaplin dirigió su primer largometraje, El chico (1921), con Jackie Coogan, cuyo papel a los 4 años recibió elogios de la crítica y le dio un éxito rotundo.

    Al final, Chaplin cerró su etapa en First National con mediometrajes como Charlot en… Día de paga (1922) y El peregrino (1923), y por fin pudo embarcarse en su primer proyecto independiente. Ese filme fue Una mujer de París (1923), un drama protagonizado por Edna Purviance, antigua pareja suya y colaboradora en unas cuarenta películas. Con esta cinta Chaplin amplió sus horizontes creativos, alejándose de la comedia, pero el hecho de no actuar él mismo hizo que la película fracasara en taquilla.

    Tras el revés de su primer proyecto como cineasta independiente, Chaplin se obsesionó con dar con una idea brillante para su siguiente película. Durante una reunión con sus socios Mary Pickford y Douglas Fairbanks en su mansión Pickfair, en Beverly Hills, la pareja le mostró un álbum con fotos antiguas de Dawson City, tomadas durante la fiebre del oro de Klondike, a fines del siglo XIX

    Las imágenes de las interminables filas de buscadores de oro atravesando el paso de Chilkoot bajo la nieve impactaron mucho a Chaplin. Después, se interesó por la historia de la expedición Donner, un grupo de pioneros atrapados todo el invierno de 1846 a 1847 en la Sierra Nevada que tuvo que recurrir al canibalismo para sobrevivir. Todo eso le sirvió de inspiración para su nuevo proyecto.

    Así empezaron los preparativos para La quimera del oro (1925), su obra más ambiciosa hasta entonces. A diferencia de sus anteriores filmes, decidió no empezar a rodar hasta tener terminado el guion por completo. Una vez finalizado el libreto, se centró en el reparto: él mismo sería el gran reclamo interpretando a su famoso Charlot, acreditado como ‘El buscador solitario’. Para los papeles secundarios fichó a su colaborador habitual, Mack Swain, como Big Jim McKay, y al músico Tom Murray como ‘Black’ Larsen.

    Faltaba todavía elegir a la actriz para el papel de ‘La chica’. Chaplin se acordó de Lita Grey, que había hecho un cameo de niña en El chico con apenas 12 años. Le ofreció el papel poco antes de iniciar el rodaje, en febrero de 1924, cuando ella tenía solo 16. Pero cuando todo parecía listo, la inquietante inclinación de Chaplin por las menores salió a la luz: empezó un romance secreto con Grey durante los primeros meses de filmación, hasta que descubrió que estaba embarazada. Esto le obligó a casarse con ella para evitar el escándalo mediático, ya que en California habría podido ser acusado de estupro o violación legal, y a reemplazarla en el rodaje.

    No era la primera vez que algo así le sucedía: en 1918 se había casado con Mildred Harris, también menor de edad entonces, por un supuesto embarazo que resultó ser falso. Para sustituir a Grey en La quimera del oro, eligió a Georgia Hale, con quien además comenzó otro romance mientras seguía casado con Grey, con la que tuvo sus dos primeros hijos.

    Aun así, este complicado panorama personal no frenó los planes de Chaplin. En la primera gran secuencia, con centenares de buscadores remontando el paso de Chilkoot, hizo traer en tren desde Sacramento a más de 600 vagabundos, a quienes pagó como extras. La escena se rodó entre Truckee Meadows, al norte de Montana, y la estación de esquí de Sugar Bowl, en California. Sin embargo, tras ver lo complicado que era rodar en exteriores con su meticuloso estilo —que exigía repetir muchas tomas— decidió trasladar la producción a sus estudios privados en Sunset Boulevard.

    Exceptuando esa costosa escena inicial, el resto de la película se filmó en estudio, usando innovaciones como las tomas mate y la retroproyección, siguiendo los consejos de su director de fotografía, Roland Totheroh. Chaplin no escatimó en gastos: contrató a unos 500 técnicos y obreros para construir los decorados necesarios, disponibles en todo momento para recrear cada escena.

    La película incluyó otras ideas ingeniosas, como emplear un oso real para una de sus secuencias, algo inusual en la época, ya que normalmente se usaban disfraces. El equipo también ideó una nieve de atrezo hecha con harina, sal y confeti de papel para inundar el set y recrear el Yukón helado. Para la icónica escena en la que Charlot se come su bota, el calzado se fabricó con regaliz y clavos de caramelo, para que pudiera morderlo sin problemas.

    El rodaje terminó en mayo de 1925 tras 15 intensos meses, convirtiéndose en la comedia más cara y larga del cine hasta entonces, con un presupuesto de un millón de dólares de la época. Se estrenó a finales de junio de ese año. Chaplin estaba tan orgulloso del resultado que dijo: “Esta es la película por la que quiero ser recordado”.

    El éxito fue apabullante: recaudó 5 millones de dólares solo en Estados Unidos y se convirtió en una de las películas más taquilleras del cine mudo. En 1942, Chaplin reestrenó una nueva versión con narración en su propia voz y banda sonora, además de ajustes de montaje, logrando dos nominaciones al Oscar por Mejor sonido y Mejor banda sonora, 17 años después del estreno original. Hoy sigue siendo una de sus obras maestras más recordadas, citada como influencia por directores como Akira Kurosawa, Richard Attenborough o Guillermo del Toro.

    Paco Encinar

    @kinestubecine

    #cine #chaplin #charleschaplin #charlichaplincomezapato #laquimeradeloro #curiosidadescine #leaarnwithtiktok #hambre #hambredepoder

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  • «LA SUSTANCIA» Y LA RESURRECCIÓN DE DEMI MOORE

    enero 1st, 2025

    Demi Moore, una de las grandes luminarias de Hollywood, vuelve a brillar con fuerza en La Sustancia, un drama psicológico que marca su retorno triunfal al primer plano de la industria cinematográfica. La película, dirigida por el visionario cineasta Luca Guadagnino, no solo explora los límites de la fragilidad humana, sino que también demuestra el inquebrantable espíritu de una actriz que, después de años de altibajos, ha encontrado un nuevo rumbo en su carrera y su vida personal.

    El renacer de una estrella

    En los años 90, Demi Moore era sinónimo de éxito en Hollywood. Desde Ghost hasta Una propuesta indecente, su nombre en un cartel garantizaba taquilla. Sin embargo, con el paso de los años, las demandas de la industria y su vida personal tomaron un peaje. La actriz enfrentó un divorcio mediático, problemas de salud y un escrutinio público que parecía más interesado en sus fracasos que en sus logros. Pero Moore nunca se rindió. A lo largo de la última década, ha trabajado en silencio, escogiendo papeles que desafían las expectativas y la empujan como intérprete.

    Con La Sustancia, Moore no solo regresa a un rol protagonista, sino que lo hace con una actuación que redefine su legado. En la película, encarna a Ellen, una mujer atrapada en un ciclo de obsesiones, miedo y redención, un personaje que requiere una entrega emocional que pocos actores pueden ofrecer. Moore lo hace con una intensidad conmovedora, demostrando que sigue siendo una fuerza imparable en la actuación.

    La narrativa de La Sustancia

    El guion de La Sustancia es una intrincada telaraña de secretos y revelaciones. La trama se centra en Ellen, una escritora que decide retirarse a un remoto pueblo costero tras sufrir una crisis nerviosa. Allí, se encuentra con un misterioso culto que venera una sustancia natural de propiedades psicoactivas. Lo que comienza como una búsqueda de paz interior rápidamente se transforma en un descenso a la oscuridad, mientras Ellen lidia con alucinaciones y la presión de enfrentarse a los fantasmas de su pasado.

    El director Luca Guadagnino, conocido por su capacidad de capturar la belleza en lo inquietante, combina paisajes desoladores con una fotografía que bordea lo onírico. Cada plano en la película es una metáfora visual de la lucha interna de Ellen: mares turbulentos que reflejan su mente atormentada, bosques nebulosos que representan su incertidumbre y una luz tenue que simboliza la esperanza al final de un largo túnel.

    Moore en el corazón del drama

    Lo que hace que La Sustancia sea una obra maestra es, sin lugar a dudas, la actuación de Demi Moore. La actriz ha descrito su preparación para el papel como «catártica». Según sus propias palabras en entrevistas promocionales, el guion le permitió confrontar emociones reprimidas de su vida real. «Ellen y yo compartimos una lucha similar», afirmó Moore. «Ambas tuvimos que encontrar un equilibrio entre lo que nos consume y lo que nos libera».

    Moore evita los clichés de la heroína atormentada y, en su lugar, nos ofrece un retrato profundamente humano. Su interpretación capta la fragilidad y fortaleza de una mujer al borde del abismo, con una honestidad que deja una marca duradera en el espectador.

    Más allá de la pantalla

    El impacto de La Sustancia no termina con su último fotograma. La película ha abierto nuevas puertas para Demi Moore, consolidando su lugar en una industria que a menudo relega a las actrices mayores de 50 años a papeles secundarios o irrelevantes. Con este proyecto, Moore no solo desafía esas normas, sino que también se convierte en un símbolo de resiliencia y reinvención.

    La película también invita al público a reflexionar sobre las segundas oportunidades. Así como Ellen encuentra su camino a través del caos, Moore ha encontrado un nuevo propósito y ha demostrado que siempre hay espacio para un renacer.

    El legado

    La Sustancia no es solo una película; es un testimonio del poder del arte para sanar y transformar. Y Demi Moore, con su retorno magistral, ha demostrado que nunca es demasiado tarde para redescubrirse y reclamar el lugar que uno merece en el mundo.

    Esta obra no solo marca el regreso de una estrella, sino que también recuerda al público el motivo por el cual Demi Moore siempre será una de las grandes del cine.

    Paco Encinar

  • LA SOMBRA RENACE: NOSFERATU VUELVE PARA SEMBRAR EL MIEDO EN LO MÁS PROFUNDO DEL ALMA

    enero 1st, 2025

    En la oscuridad de una sala llena, el público espera con ganas el remake de Nosferatu, ese clásico que todos conocemos, aunque sea de oídas. Desde el primer segundo, ya sabes que esto no es cualquier película de terror. Es un viaje que mezcla lo clásico con un toque moderno que te deja pegado al asiento.

    La peli empieza con una escena que huele a expresionismo alemán por todos lados. Sombras gigantes, luces misteriosas… pero, ojo, que no es solo un homenaje al pasado. Este Nosferatu tiene vida propia. El Conde Orlok, interpretado por un actor que da miedo con solo parpadear, no es el típico vampiro. Es un monstruo, sí, pero también un alma rota, atrapada en su propia tragedia. Vamos, que terminas sintiendo un poco de pena por él.

    Un punto fuerte, fuerte, es la música. Se mezclan instrumentos clásicos con sintetizadores modernos que te ponen los pelos de punta. Es como si cada nota te dijera: «No te relajes, que esto se va a poner peor». La música no solo acompaña, sino que le da a todo un aire más creepy y emocional.

    La historia se mantiene fiel al original, pero con un par de giros interesantes. Ellen, la chica protagonista, ya no es la damisela en apuros. Ahora tiene un papel mucho más activo y su relación con Orlok es… rara. Hay tensión, atracción y un toque de miedo que te mantiene enganchado.

    El director sabe que hoy en día no nos tragamos sustos baratos, así que va por otro lado. Cada escena está tan bien hecha que hasta el silencio te pone nervioso. Es de esas pelís donde el terror se te mete bajo la piel y no te suelta.

    Cuando termina, la sala está dividida. Unos aplauden por lo arriesgado y profundo que es el remake; otros prefieren la magia simple del original. Pero lo que nadie puede discutir es que esta versión de Nosferatu logra algo difícil: traer de vuelta a un clásico y hacerlo sentir fresco y necesario. Orlok está de regreso, y esta vez, para quedarse.

    Paco Encinar

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