
Escrita por Chris Columbus, la película más aclamada de Joe Dante, es una fantasía familiar que mezcla a partes iguales comedia, terror y cine de aventuras. El padre de Billy, buscando el regalo perfecto para su hijo descubre en una vieja tienda del barrio chino a un ser inclasificable mitad mono, mitad gato llamado mogwai. El dueño de la tienda, un viejo oriental no está dispuesto a venderlo pero su nieto, a espaldas del venerable anciano, decide embolsarse unos cuantos dólares a cambio del bichito. Tan solo advierte al incauto comprador que tiene que cumplir a rajatabla tres simples reglas: No mojarlo, no darle de comer a partir de la media noche y no exponerlo a la luz del sol. Pronto el regalo de cumpleaños de su hijo se convertirá en toda una pesadilla navideña que atormentará al pequeño pueblecito de Kingston Falls.
Uno de los amigos de Billy vierte por accidente agua sobre el pequeño y bondadoso mogwai, (al que el protagonista bautiza con el simpático nombre de «Gizmo») y esto hace que se reproduzca en decenas de seres similares al original que en principio no aparentan peligro ninguno. Uno de ellos destaca por parecer el más pícaro del grupo y se diferencia de los demás por tener un mechón de pelo blanco en la cabeza por lo que es bautizado como «Stripe». Este ser diabólico hará que se incumpla otra regla de oro: la de no darles de comer después de media noche, algo que provoca que los seres angelicales se conviertan en auténticos demonios que arrasarán con el vecindario el día de Nochebuena.
La crueldad extrema de estos seres propicia escenas extraordinarias como la juerga desbocada en un bar nocturno, la encarnizada lucha de la madre del adolescente protagonista en la cocina o la proyección de «Blancanieves y los sietes enanitos»(1937) en una sala atiborrada de pequeños demonios alborozados. Los gags, resultado de un exaltado humor negro, se acumulan en estas y otras escenas que convirtieron a «Gremlins» en una película de terror muy divertida y que abrió una nueva brecha dentro del género: la de las películas pobladas por pequeñas criaturas voraces cuyo único objetivo era hacer la puñeta al ser humano.
DANDO VIDA A LOS GREMLINS
Cuando se rodó Gremlins todavía los efectos especiales generados por ordenador estaban es pañales por no decir que eran inexistentes, por lo que se valieron de seres animatrónicos que cobraban vida gracias a la pericia de los especialistas. Con el fin de crear la magia y la interacción con los actores tuvieron que elevar el decorado para esconder sobre el mismo a los operadores de las marionetas y los hilos. Todo esto condujo a muchas complicaciones y largas jornadas de ensayo antes de filmar un solo plano con los protagonistas de carne y hueso. Hay que tener en cuenta que los rodajes en aquella época no eran tan baratos como ahora, ya que se rodaba en película, un formato mucho más caro que el vídeo o que cualquiera de los que se utilizan hoy en día para la grabación de películas.
Uno de los mayores desafíos fue mover al pequeño Gizmo. Se construyeron varios modelos, entre ellos uno con brazos y piernas articuladas, además de una cabeza a escala mayor capaz de soportar los primeros planos. Si uno se fija bien, la mayor parte de las veces el mogwai está sentado o metido en la mochila de el protagonista.
Los efectos especiales costaron tan solo 40.000 dólares y lo que nadie esperaba era que el diseño de las criaturas iba a promover uno de los primeros fenómenos de merchandising de la historia del cine (con permiso de «Star Wars») que sigue dando beneficios en la actualidad por la venta de muñecos y memorabilia relacionada con la película.
Todo el mundo quería llevarse un Gizmo a casa, una criatura con rasgos felinos y cuyo color lo sacaron del perro que por aquel entonces tenía Steven Spielberg, a la sazón productor de la cinta.
En una maniobra muy inteligente, Spielberg hizo varios cambios en el guion, entre ellos otorgarle mayor protagonismo a Gizmo, Spielberg adoraba al pequeño ser, hasta el punto de dar un giro en su destino final. Chris Columbus había establecido que esta mascota acaba convirtiéndose en el malvado Stripe, algo que Spielberg pensó que era intolerable en un ser tan cariñoso y adorable.
Por su parte los gremlins malos también gozarían de un gran éxito. Su diseño, mucho más reptiliano que felino, permitió que fuera más fácil su manejo por parte de los especialistas que les daban vida. La escena con mayor número de ellos sería la del cine, para la que se necesitaron algo más de 40 operadores controlando las 108 marionetas. La aceptación por parte del público fue asombrosa y pronto «Gremlins» se convirtió en un clásico atípico del cine de terror.
CONOCIENDO MEJOR A JOE DANTE
Joe Dante nació en noviembre de 1946, tres semanas antes que Steven Spielberg, y como él forma parte de una generación de cineastas cultivados desde la más tierna infancia en el género fantástico y las aventuras populares, tanto en cine como en televisión. En cuarenta años de fructífera filmografía, Dante ha sido quien con mayor vehemencia ha trasladado a sus películas ese background acumulado desde que era un niño maravillado por las imágenes en movimiento. Todos sus filmes contienen docenas de citas, referencias, homenajes o parodias de otras películas. Empezó como alumno aventajado de Roger Corman, que le produjo «Hollywood Boulevard» (1976), una desmadrada farsa sobre el propio universo cinematográfico codirigida por Allan Arkush, y Piraña (1978), una de las películas que surgieron a rebufo del tremendo éxito de «Tiburón» (1976). El propio Spielberg ha reconocido que su admiración por Dante viene precisamente por esta película, ya que se alejaba bastante de todas las imitadoras de «Tiburón» que se estrenaron tras el éxito del filme del «rey midas de Hollywood». Esto hizo que Spielberg le confiase uno de los episodios de «En los límites de la realidad» trasvase cinematográfico de la mítica serie «La dimensión desconocida».
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