EL PADRINO: NO HAY NADA MÁS LINDO QUE LA FAMILIA UNIDA

Brando y Coppola al frente de un reparto en estado de gracia

Da igual si la has visto una, dos o cien veces, que «El Padrino» vuelva a las salas de cine es un acontecimiento a celebrar entre aquellos que se consideren cinéfilos. La puesta en escena de una novela es más que llevar a la gran pantalla un argumento. Para Francis Ford Coppola «El Padrino» suponía el deseo de reflejar una tragedia negra, una lucha entre familias que ha llegado a ser considerada como todo un clásico de los años 70, y seguramente, la película sobre la mafia más seria e importante de todos los tiempos. La obra de Mario Puzo resume el espíritu de la saga de los Corleone, pero es la intervención de actores de la talla de Marlon Brando o la cuidada fotografía y banda sonora lo que la llevó a conquistar tres de los Oscar más importantes: el de mejor actor para Marlon Brando, el de mejor película y mejor guion adaptado para Francis Ford Coppola y Mario Puzo.

La familia de la mafia de Nueva York tiene su máximo representante en Don Vito Corleone. En el momento en el que otro gángster de otra familia se inmiscuye en sus asuntos, comienza un crudo conflicto. La venta de drogas es lo que enfrenta a ambos clanes, ya que Don Vito pretende acabar con cualquier traficante que intente hacer negocio en su ciudad. El intento frustrado de asesinato de Don Vito por Sollozo desembocará en los deseos de venganza por parte de su hijo, Michael. Éste asesina a Sollozo y a un policía corrupto de Nueva York, lo que provoca una guerra sin cuartel.

El rodaje de «El Padrino» trató de ajustarse al bajo presupuesto inicial, aunque el deseo de llevar con la mayor fidelidad posible la novela de Mario Puzo al cine requería aplicar los esfuerzos en el mayor número posible de detalles. A dos millones de dólares ascendía el presupuesto con el que se contaba en el comienzo de la producción, pero la principal dificultad radicaba en contratar al realizador adecuado que pudiera afrontar este proyecto. La tarea recayó en Francis Ford Coppola, aunque en un primer momento la idea no pareció entusiasmarle demasiado porque prefería rodar pequeños filmes personales o de autor. Finalmente el presupuesto se disparó hasta los cinco millones y medio, debido, en parte, al retraso que sufrió el rodaje.

ELIGIENDO AL REPARTO

La designación del elenco de actores fue una tarea difícil para la Paramount, que barajaba diferentes nombres como posibles candidatos. La productora deseaba que Warren Beatty interpretase el papel de Michael Corleone. Una vez que éste rechazó el papel, Coppola propuso a Al Pacino, aunque en un principio no convencía su tirón comercial. También fueron candidatos Jack Nicholson, Dustin Hoffman y Robert Redford. Frank Sinatra, por su parte, fue propuesto para el papel de Johnny Fontane, pero el papel se asignó a Al Martino, cuando se comprobaron las similitudes existentes entre el personaje y la vida del cantante. Para el papel de patriarca del clan, Don Vito Corleone, era aún más importante dar con el actor adecuado. Si bien en un primer momento Sir Laurence Olivier, Burt Lancaster y Edward G. Robinson sonaron como posibles opciones, finalmente, la elección recayó sobre Marlon Brando.

Coppola trató de aportar un marcado carácter familiar durante el rodaje del filme, para lo que llegó a contar con la intervención de algunos de sus parientes, como fue el caso de sus padres, que aparecieron en pequeños papeles, en la escena en al que se produce un tiroteo sangriento en el restaurante Louis, en el Bronx.

MARLON BRANDO COMO DON VITO CORLEONE

Parte del éxito del filme recae en su personaje principal, Don Vito Corleone, el patriarca de la familia más destacada de la mafia neoyorquina. La elección del actor protagonista debía hacerse con esmero, porque la trama gira en torno a su presencia.

Según unas declaraciones ofrecidas por el propio actor, el novelista le envió una copia de su obra con una nota en la que aseguraba que él era la persona adecuada para asumir el papel de Don Vito Corleone, en el caso en el que se llevara al cine. Tras una primera resistencia por parte de Paramount, finalmente logró el papel, no sin antes tener que pasar por unas pruebas de caracterización, superadas sin ningún problema. Brando afrontó una complicada transformación en las escenas en las que debía ajustarse a la avanzada edad de su personaje, de setenta años, frente a los cuarta y siete reales del actor.

En la prueba que la Paramount sometió al actor para decidir si le otorgaban o no el papel, tenía que conseguir que la cara de su personaje se pareciera a un bulldog, para lo que se metió bolas de algodón en los carrillos. Durante el rodaje, además, utilizó una prótesis dental para simular que tenía una mandíbula rota. Pero aún más complicado fue el conseguir un envejecimiento general de su aspecto, acorde con la edad de su personaje. Para ello, le cubrieron la piel con una fina malla de arrugas de látex y le colocaron una falsa barriga bajo el traje, y lastres en los pies para entorpecer sus andares.

JAMES CAAN COMO SONNY CORLEONE

El personaje más violento de «El Padrino» es encarnado por este actor, que tuvo que adaptarse a la imagen pendenciera y lasciva en un papel realmente complicado. Su intervención en este filme le valió una nominación al Oscar como mejor actor de reparto. Desde que comenzara su carrera dramática en 1981, con la producción de Broadway de «La Ronde» dedicó sus esfuerzos en darse a conocer.

Intervino en la pequeña pantalla en títulos como «Alfred Hitchcock presenta», aunque su debut en el cine se produjo en 1964 con «Lady in a cage».

UNO DE LOS OSCAR MÁS POLÉMICOS DE LA HISTORIA

Cuando se leyó el nombre de Marlon Brando como mejor actor, una india subió al escenario ante la atónita mirada de millones de espectadores. Ella rechazó el Oscar y dijo: «Hola, mi nombre es Sacheen Littlefeather. Soy apache y presidenta del Comité Nacional de Imagen de los Indios Nativos Americanos». Represento esta noche a Marlon Brando, que me ha elegido para leer su discurso de quince folios. Pero como no lo puedo hacer ahora por la premura de tiempo, lo desarrollaré completamente en la sala de prensa. La razón para no aceptar este generoso premio es el tratamiento que los indios reciben en las películas americanas».

Hubo quien aplaudió y quien abucheó el discurso. Al presentar el Oscar a la mejor película, Clint Eastwood hizo una referencia a lo ocurrido: «No sé si presentar el Oscar o disculparme por todos los vaqueros que han aparecido en las películas de John Ford».

Así puso su gota de rebeldía un Marlon Brando que ya empezaba a peinar canas, un actor que fue el máximo representante del famoso «Actor’s Studio». Brando fue desde sus comienzos en el cine con «Hombres» 1950, un rostro destacado en la industria cinematográfica de Hollywood. El salto a la gran pantalla fue un paso que siguió al de los escenarios, sobre los que debutó como actor aficionado en la obra «Bobino» de Stanley Kauffman (1943).

De la Academia Brando recibió dos Oscar, por «La ley del silencio» (1954) y por «El Padrino» (1972), aunque estuvo nominado en otras cuatro ocasiones en la categoría de mejor actor y otras dos en las de mejor actor de reparto.

Desde su primer éxito con «Un tranvía llamado deseo», su atractivo físico y el acierto en la elección de los personajes justificaron el éxito de Brando, quien recibió cuatro nominaciones consecutivas antes de ganar su primera estatuilla dorada. No obstante, el destino hizo que reforzara su liderazgo, sobre todo cuando algunos compañeros suyos vieron su ascenso interrumpido. Este fue el caso de James Dean, fallecido tras un accidente automovilístico y el de Montgomery Clift, también desaparecido de forma prematura.

Brando trató de buscar nuevos retos, con la adopción de papeles más complejos, como el sheriff Calder en «La jauría humana» (1966). Sus apariciones en la pantalla, siempre estuvieron cargadas de polémica y muy bien retribuidas, como por ejemplo «Superman» por la que cobró cuatro millones de dólares por aparecer unos minutos en pantalla.

En la última recta de su carrera Brando incrementó sus apariciones esporádicas en distintas películas. Es el caso de su trabajo en «Apocalypse Now» (1979), en el que encarna al sádico y siniestro general Kurt, en «Una árida estación blanca» dando vida a Ian McKenzie, o en «Cristóbal Colón, el descubrimiento» (1992) donde asumió el papel de Tomás de Torquemada.

La personalidad de Marlon Brando no era muy comprendida por muchos de sus compañeros de rodaje, que en diversas ocasiones comentaron sus manias. Algunos rumores fundados contaban que el actor sólo quería que le grabasen de cintura para arriba y para evitar que hubiese un solo plano del resto de su cuerpo, decidía rodar las escenas sin pantalones ni calzoncillos.

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