
En 1980, un huracán de músculos, espadas y mitología irrumpió en las pantallas con Conan el Bárbaro, una película que no solo consolidó a Arnold Schwarzenegger como el héroe de acción por excelencia, sino que también nos regaló una aventura épica llena de brujería, bestias y mazmorras que marcaría una era.
Dirigida por John Milius y con un guion coescrito por el mismísimo Oliver Stone, Conan el Bárbaro nos adentra en el mundo oscuro y brutal de la era hiboria, donde los guerreros como Conan, con más bíceps que palabras, se abren camino a base de mandobles de espada. Basada en el personaje creado por Robert E. Howard en la década de 1930, la película nos cuenta la historia de venganza de un joven bárbaro cuya familia es asesinada por el malvado Thulsa Doom (interpretado por el legendario James Earl Jones). Con un guion lleno de silencios dramáticos, pocas líneas de diálogo y muchos rugidos de batalla, Conan se convierte en un personaje mítico que habla más con sus actos que con sus palabras.
El rodaje: una aventura salvaje
La producción de Conan no fue menos salvaje que la película misma. Filmada principalmente en España, en escenarios naturales que daban una sensación realista de desolación y barbarie, el rodaje estuvo plagado de anécdotas que van desde lo cómico hasta lo peligroso. Para empezar, Schwarzenegger, aún lejos de ser la estrella de Hollywood que conocemos hoy, tuvo que someterse a un entrenamiento brutal. Aunque ya era un culturista de fama mundial, aprender a manejar la espada y montar a caballo como un bárbaro no fue tarea fácil. De hecho, durante el rodaje, Arnold tuvo más de un susto con su caballo, que parecía empeñado en tirarlo al suelo en las escenas más complicadas. Pero, fiel a su personaje, el actor nunca se quejó, demostrando que Conan era tan duro en la pantalla como detrás de las cámaras.
Una de las anécdotas más curiosas del rodaje tiene que ver con la espada de Conan. El arma, de unos casi 10 kilos de peso, fue diseñada especialmente para la película y era tan real como peligrosa. Durante una de las escenas de combate, Schwarzenegger accidentalmente golpeó a uno de los extras con la espada, dejándolo inconsciente. El extra se recuperó, pero seguramente no olvidó esa lección de lo que pasa cuando te metes con Conan.
Pero si hablamos de peligros reales, no podemos olvidar el incidente con las serpientes. En la famosa escena en la que Conan pelea contra una gigantesca serpiente, lo que muchos no saben es que, además de la criatura mecánica, había varias serpientes reales en el set. Según se cuenta, en una ocasión, una de las serpientes escapó y causó un pánico momentáneo entre los actores y el equipo, que rápidamente aprendieron a respetar no solo a Conan, sino también a la fauna del rodaje.
El legado de una leyenda
Conan el Bárbaro no solo fue un éxito de taquilla, sino que definió el género de las películas de espada y brujería en los años 80. Con una banda sonora icónica, compuesta por Basil Poledouris, que evoca tambores de guerra y leyendas olvidadas, la película se convirtió en un fenómeno cultural. Aunque recibió críticas mixtas en su estreno, con el tiempo ha sido revalorizada como una obra de culto, especialmente por la actuación casi primitiva de Schwarzenegger, que encarnó al héroe bárbaro con una autenticidad física difícil de igualar.
La película lanzó la carrera de Arnold al estrellato, y aunque muchos lo asocian con personajes como Terminator, para los fans de los mundos de espada y fantasía, Conan siempre será su papel más emblemático. Porque, seamos sinceros, ¿quién no ha soñado alguna vez con blandir una espada gigante, desafiando a los dioses y aplastando a sus enemigos?
En definitiva, Conan el Bárbaro es más que una película, es una aventura salvaje que sigue capturando la imaginación de generaciones. Con un rodaje lleno de anécdotas tan épicas como su trama, Conan nos recuerda que a veces lo único que necesitamos es una espada, un objetivo claro y la voluntad de forjar nuestro propio destino. Como diría el propio bárbaro: «¡Aplastar a tus enemigos, verles destrozados y escuchar el lamento de sus mujeres!». Así es como se forjan las leyendas.