
Aunque su gran apogeo llegaría en décadas posteriores, el star-system empezó a imponerse en Hollywood desde los años 10 como el modelo favorito de los grandes estudios para contratar actores. Para proteger su independencia creativa y financiera frente a estos estudios, algunas de las estrellas más destacadas de la época —como Charles Chaplin, el director D. W. Griffith, Mary Pickford, apodada ‘la novia de América’, y su esposo, el famoso actor de aventuras Douglas Fairbanks— invirtieron parte de sus fortunas en fundar United Artists a principios de 1919. Esta productora y distribuidora independiente se basaba en un modelo que repartía la mayor parte de las ganancias entre los propios artistas, en lugar de dejarlas en manos de los ejecutivos de los estudios.
Sin embargo, cuando se creó United Artists, Chaplin aún tenía un contrato vigente con First National, con la que ya había producido éxitos como Vida de perro (1918). Intentó romper ese contrato pagando de su propio bolsillo, pero el estudio sabía el enorme valor de tener a Chaplin, convertido gracias a su personaje de Charlot en la mayor estrella del cine, y rechazó la oferta. Le exigieron completar las seis películas pactadas. Durante ese tiempo, Chaplin dirigió su primer largometraje, El chico (1921), con Jackie Coogan, cuyo papel a los 4 años recibió elogios de la crítica y le dio un éxito rotundo.
Al final, Chaplin cerró su etapa en First National con mediometrajes como Charlot en… Día de paga (1922) y El peregrino (1923), y por fin pudo embarcarse en su primer proyecto independiente. Ese filme fue Una mujer de París (1923), un drama protagonizado por Edna Purviance, antigua pareja suya y colaboradora en unas cuarenta películas. Con esta cinta Chaplin amplió sus horizontes creativos, alejándose de la comedia, pero el hecho de no actuar él mismo hizo que la película fracasara en taquilla.
Tras el revés de su primer proyecto como cineasta independiente, Chaplin se obsesionó con dar con una idea brillante para su siguiente película. Durante una reunión con sus socios Mary Pickford y Douglas Fairbanks en su mansión Pickfair, en Beverly Hills, la pareja le mostró un álbum con fotos antiguas de Dawson City, tomadas durante la fiebre del oro de Klondike, a fines del siglo XIX
Las imágenes de las interminables filas de buscadores de oro atravesando el paso de Chilkoot bajo la nieve impactaron mucho a Chaplin. Después, se interesó por la historia de la expedición Donner, un grupo de pioneros atrapados todo el invierno de 1846 a 1847 en la Sierra Nevada que tuvo que recurrir al canibalismo para sobrevivir. Todo eso le sirvió de inspiración para su nuevo proyecto.
Así empezaron los preparativos para La quimera del oro (1925), su obra más ambiciosa hasta entonces. A diferencia de sus anteriores filmes, decidió no empezar a rodar hasta tener terminado el guion por completo. Una vez finalizado el libreto, se centró en el reparto: él mismo sería el gran reclamo interpretando a su famoso Charlot, acreditado como ‘El buscador solitario’. Para los papeles secundarios fichó a su colaborador habitual, Mack Swain, como Big Jim McKay, y al músico Tom Murray como ‘Black’ Larsen.
Faltaba todavía elegir a la actriz para el papel de ‘La chica’. Chaplin se acordó de Lita Grey, que había hecho un cameo de niña en El chico con apenas 12 años. Le ofreció el papel poco antes de iniciar el rodaje, en febrero de 1924, cuando ella tenía solo 16. Pero cuando todo parecía listo, la inquietante inclinación de Chaplin por las menores salió a la luz: empezó un romance secreto con Grey durante los primeros meses de filmación, hasta que descubrió que estaba embarazada. Esto le obligó a casarse con ella para evitar el escándalo mediático, ya que en California habría podido ser acusado de estupro o violación legal, y a reemplazarla en el rodaje.
No era la primera vez que algo así le sucedía: en 1918 se había casado con Mildred Harris, también menor de edad entonces, por un supuesto embarazo que resultó ser falso. Para sustituir a Grey en La quimera del oro, eligió a Georgia Hale, con quien además comenzó otro romance mientras seguía casado con Grey, con la que tuvo sus dos primeros hijos.
Aun así, este complicado panorama personal no frenó los planes de Chaplin. En la primera gran secuencia, con centenares de buscadores remontando el paso de Chilkoot, hizo traer en tren desde Sacramento a más de 600 vagabundos, a quienes pagó como extras. La escena se rodó entre Truckee Meadows, al norte de Montana, y la estación de esquí de Sugar Bowl, en California. Sin embargo, tras ver lo complicado que era rodar en exteriores con su meticuloso estilo —que exigía repetir muchas tomas— decidió trasladar la producción a sus estudios privados en Sunset Boulevard.
Exceptuando esa costosa escena inicial, el resto de la película se filmó en estudio, usando innovaciones como las tomas mate y la retroproyección, siguiendo los consejos de su director de fotografía, Roland Totheroh. Chaplin no escatimó en gastos: contrató a unos 500 técnicos y obreros para construir los decorados necesarios, disponibles en todo momento para recrear cada escena.
La película incluyó otras ideas ingeniosas, como emplear un oso real para una de sus secuencias, algo inusual en la época, ya que normalmente se usaban disfraces. El equipo también ideó una nieve de atrezo hecha con harina, sal y confeti de papel para inundar el set y recrear el Yukón helado. Para la icónica escena en la que Charlot se come su bota, el calzado se fabricó con regaliz y clavos de caramelo, para que pudiera morderlo sin problemas.
El rodaje terminó en mayo de 1925 tras 15 intensos meses, convirtiéndose en la comedia más cara y larga del cine hasta entonces, con un presupuesto de un millón de dólares de la época. Se estrenó a finales de junio de ese año. Chaplin estaba tan orgulloso del resultado que dijo: “Esta es la película por la que quiero ser recordado”.
El éxito fue apabullante: recaudó 5 millones de dólares solo en Estados Unidos y se convirtió en una de las películas más taquilleras del cine mudo. En 1942, Chaplin reestrenó una nueva versión con narración en su propia voz y banda sonora, además de ajustes de montaje, logrando dos nominaciones al Oscar por Mejor sonido y Mejor banda sonora, 17 años después del estreno original. Hoy sigue siendo una de sus obras maestras más recordadas, citada como influencia por directores como Akira Kurosawa, Richard Attenborough o Guillermo del Toro.
Paco Encinar