
En Hollywood, hay historias que parecen tan llenas de giros inesperados y voluntad férrea como los propios personajes que pretenden retratar. El biopic de Madonna, con Julia Garner al frente, es sin duda uno de esos relatos fascinantes, una crónica de talento, ambición y demora, en la que las figuras principales parecen estar tan empeñadas en hacer historia fuera de la pantalla como en la gran pantalla misma.
Todo comenzó a sonar en 2020, cuando la propia Madonna, convencida de que nadie podría captar los matices de su vida mejor que ella misma, decidió tomar las riendas de su largamente esperado biopic. Eligió a dos guionistas de lujo, Diablo Cody y Cressida Wilson, para ponerse manos a la obra con el libreto, con Universal Pictures como respaldo. ¿La encargada de encarnar a la Material Girl? Julia Garner, una actriz camaleónica que ya había dado pruebas de aplomo y carisma en “Ozark” y que, según los rumores, superó a rivales de peso en un extenuante “bootcamp” de baile y canto diseñado por la propia Madonna, donde participaron estrellas emergentes como Florence Pugh, Alexa Demie y Sydney Sweeney.
Desde el primer momento, el proyecto estuvo envuelto en una atmósfera de expectación y secretismo. Los medios recogían cada mínimo avance, desde la minuciosa preparación de Garner—que confesó haberse sumido en intensas clases de canto y baile bajo la mirada escrutadora de Madonna—hasta los entresijos de una producción que nunca terminaba de arrancar formalmente. Los rumores de cancelación comenzaron a circular a principios de 2023, coincidiendo con la noticia de que Madonna aplazaba el rodaje para embarcarse en su ambiciosa “Celebration Tour” mundial. Universal Pictures, por su parte, optó por retirar momentáneamente el proyecto de su línea de producción, y el biopic quedó en el aire.
Sin embargo, la historia estaba lejos de concluir. En 2024, tras finalizar con éxito su gira, Madonna retomó la escritura del guion y confirmó que el filme seguía siendo uno de sus grandes objetivos creativos. Julia Garner, lejos de abandonar, declaró públicamente su compromiso con el papel en varias entrevistas, asegurando que el proyecto “sigue adelante” y que, en palabras suyas, “cualquier cosa grande y compleja lleva su tiempo”. Para Garner, el desafío es tan personal como profesional: admiradora confesa de Madonna desde la infancia, entiende el biopic como un reto de altura, digno de la figura que pretende reflejar en la pantalla grande.
Durante este tiempo de pausa y espera, Garner ha continuado ampliando su trayectoria en la industria. Ha sido noticia por sumarse al universo Marvel como intérprete de Silver Surfer en “Fantastic Four: First Steps”, y por su próximo estreno en el thriller de terror “Weapons”, hecho que la mantiene en un lugar privilegiado dentro de Hollywood. Entre tanto, corren rumores sobre una posible serie limitada para Netflix sobre la vida de Madonna, esta vez con Shawn Levy como productor y cierta dosis de colaboración de la propia artista, aunque el biopic sigue siendo, en palabras de la reina del pop, “su gran proyecto cinematográfico”.
Este largo proceso de espera y desarrollo está marcado por una paradoja: por un lado, el deseo irrefrenable de contar la historia de Madonna desde la autenticidad y el control creativo total; por otro, las inevitables complicaciones de un filme donde la protagonista aún vive y mantiene intacta su capacidad de reinventarse y provocar. La implicación directa de Madonna—como directora, guionista y figura central—ha ralentizado el avance, pero también ha otorgado al proyecto una autenticidad que pocas biopics pueden reclamar. Ganar el derecho a contar su legado, desde dentro y en presente, es una empresa que exige un nivel de ambición y perfeccionismo a la altura de la propia Madonna.
La crónica de este biopic inacabado es, en sí misma, un testimonio de la complejidad de abordar la vida de una artista que siempre ha reescrito las reglas del éxito y la autoafirmación. Julia Garner ha sabido esperar su momento, preparándose física y emocionalmente para un papel que exige ser versátil, valiente y profundamente empática. Cada pausa y cada retraso se integra, paradójicamente, en la leyenda: cuando finalmente Madonna, Garner y el filme coincidan en el tiempo y el espacio adecuados, el resultado será, probablemente, el apoteosis de dos carreras que se han esforzado por desafiar todo lo preestablecido.
De momento, la biografía cinematográfica de Madonna sigue gestándose, entre expectativas, incertidumbres y la paciencia activa de quienes creen que las grandes historias son, ante todo, relatos de resistencia. Como toda hazaña a contracorriente, este biopic amenaza con convertirse en un espejo fascinante: el de una artista que nunca deja de pelear por su propia narrativa, y el de una actriz joven dispuesta a entregarse en cuerpo y alma al papel de su vida. Tal vez por eso, incluso en la espera, ya ha empezado a hacer historia.
Paco Encinar