
Sonia Martínez fue un icono televisivo de los años 80 en España, cuyo fulgurante ascenso y trágica caída reflejan no solo la fama, sino también la vulnerabilidad y el estigma de la época. Nacida en Madrid en 1963, comenzó su carrera a los 18 años tras superar unas pruebas de selección para Televisión Española, donde debutó en el programa infantil-juvenil 3, 2, 1… contacto, cuyo objetivo era divulgar la ciencia entre los jóvenes. Su carisma y naturalidad le abrieron camino rápidamente, y pronto sustituyó a Mayra Gómez Kemp en el emblemático programa infantil Dabadabadá (1983-1984), convirtiéndose en uno de los rostros más populares de la televisión española, con audiencias que llegaban a más de 10 millones de espectadores.
Su éxito no se limitó a la televisión. Sonia tuvo una breve carrera como actriz, participando en películas como Epílogo (1984), Violines y trompetas (1984) y Perras callejeras (1985). Sin embargo, su vida personal comenzó a tambalearse tras el fallecimiento de su madre en 1985, un golpe emocional que la sumió en una profunda depresión, llevándola a alejarse de España durante varios meses para vivir en Nueva York con la intención de aprender inglés y trabajar en televisión allí, aunque sin lograr estabilizar su carrera.
A su regreso a España, la trayectoria prometedora de Sonia sufrió un giro abrupto debido a un escándalo mediático: durante una estancia en Ibiza fue fotografiada en topless, lo que provocó una controversia que terminó con su despido de TVE y su rechazo para continuar en el ámbito infantil. Esta situación marcó un punto de inflexión radical, pues a partir de entonces su vida estuvo dominada por una escalada hacia la autodestrucción, con una adicción a la heroína que pública y valientemente llegó a admitir. En sus peores momentos, reconoció que tuvo que ejercer la prostitución para sobrevivir. La exposición intensa y negativa de la prensa, junto con la falta de apoyo institucional y social, alimentaron el estigma y la marginación que sufrió.
Su salud se deterioró gravemente en poco tiempo, y falleció en 1994 a los 30 años debido a complicaciones derivadas del sida, una sepsis y cirrosis hepática. Su muerte supuso un símbolo contemporáneo de los estragos que la sociedad infligía a quienes padecían adicciones y estaban afectados por enfermedades como el VIH/SIDA en una época todavía llena de prejuicios.
A nivel humano, testimonios de su hermana Irene y de su hijo Hugo, recogidos en el documental La última noche de Sonia Martínez (disponible en RTVE Play), revelan a una mujer llena de contradicciones: alegre y carismática frente a las cámaras, pero profundamente marcada por el dolor y la soledad tras su auge televisivo. El documental, que coincide con el 30 aniversario de su muerte, reivindica su figura más allá de los titulares y fachadas mediáticas, resaltando su contribución a la televisión infantil y su valentía personal en momentos muy difíciles.
Sonia Martínez sigue siendo recordada como una pionera en la comunicación infantil en España, un rostro fresco y espontáneo que conectó con varias generaciones, y cuya historia personal invita a reflexionar sobre la fama, los estigmas sociales y el olvido de quienes enfrentaron duras luchas personales en un contexto poco comprensivo.
Paco Encinar