“El Conjuro 4: Últimos Ritos”: Expectativa, misterio y el adiós a los Warren

El terror tiene nombre propio en el séptimo arte, y ese es “El Conjuro”. En el umbral del estreno de su esperadísimo cierre, “El Conjuro 4: Últimos Ritos”, el aire está cargado de suspense, nostalgia y esa inquietante familiaridad que solo la saga ha sabido cultivar. Este es mucho más que el lanzamiento de una película: es el desenlace de una leyenda moderna del cine de horror.

El ritual de la espera

Desde su debut en 2013, “El Conjuro” se impuso como fenómeno cultural. James Wan y su equipo trajeron de vuelta el horror clásico, el que se respira en las sombras y se siente en la nuca, revalorizando ese miedo primigenio a lo inexplicable. Ahora, a solo días del 5 de septiembre de 2025, los fans —me incluyo— miramos hacia la oscuridad con una mezcla de nerviosismo y entusiasmo. Porque esta cuarta entrega, bautizada como “Últimos Ritos”, tiene sabor a despedida, a rito de paso para Ed y Lorraine Warren, los inolvidables investigadores de lo sobrenatural encarnados por Patrick Wilson y Vera Farmiga.

La expectativa es gigantesca. No se estrena solo una película, sino el último acto de los Warren como protagonistas. El cine de horror no será igual tras esto. ¿Podremos cerrar el círculo con ellos? ¿O el miedo verdadero es que nunca abandonarán del todo nuestras pesadillas?

Una saga maldita… de éxito

La saga principal de “El Conjuro” ha triunfado por una receta que parece simple, pero es delirantemente difícil de replicar: historias basadas en supuestos hechos reales, personajes profundamente humanos, atmósferas cargadas de amenaza y una realización técnica impecable. Desde la primera entrega, el universo conjurador se ha expandido: “Annabelle”, “La Monja”, “La Llorona”… pero la médula siempre han sido los Warren, su fe puesta a prueba, su amor como faro entre demonios.

En cada nueva entrega, los cineastas han escalado los sustos pero también la carga emocional. Esta conexión emocional es, quizá, el ingrediente más poderoso. ¿Quién no ha sufrido por Lorraine en una visión? ¿Quién no ha contenido el aliento cuando Ed desafía al mismísimo demonio? En la cuarta película, la historia no solo remueve la superficie del horror, sino también el legado personal que dejan atrás los Warren.

El caso Smurl y el aura del último ritual

La cuarta entrega nos traslada a 1986, enfrentando a los Warren con el que se anunciaba como uno de los casos más espeluznantes de su carrera: el de la familia Smurl, acosada en su hogar de Pensilvania por fuerzas que nadie logró apaciguar del todo en la vida real. Aquí hay mucho morbo, pero también autenticidad, porque el caso está rodeado de testimonios, polémica y misterio sin resolver.

Michael Chaves retoma la batuta de director, y David Leslie Johnson-McGoldrick firma el guion. No hay dudas de que pondrán toda la carne sobrenatural en el asador. Los tráilers —intensamente sombríos y prometedores— solo han encendido las ganas: imágenes sombrías, apariciones fugaces, gritos ahogados y esa atmósfera que anticipa el mal acechando tras la puerta.

La maquinaria promocional juega con el contraste entre la amenaza de la entidad y la vulnerabilidad de los Warren, especialmente tras el retiro de Ed por problemas de salud. Judy Warren y Tony Spera tendrán protagonismo, sumando nuevas inquietudes familiares a la tormenta sobrenatural.

Lo que se espera… y lo que se teme

¿Será de verdad el final? Eso dicen quienes han seguido el rodaje y la campaña oficial, aunque el universo expandido de “El Conjuro” (con Annabelle y La Monja) probablemente sobrevivirá. Pero lo que los seguidores queremos ver es una conclusión digna para la pareja Warren: un cierre emotivo, con heridas abiertas y la ambigüedad de lo inexplicable.

Personalmente, tengo las expectativas puestas en ese equilibrio tan difícil: terror genuino y una despedida que no sea solo ruido, sino eco perdurable. No busco que todo quede resuelto —porque el terror, como la fe, siempre deja dudas—, sino que los Warren merecen un adiós que los consagre como leyenda.

Esta crónica no intenta contarte la película. No quiero quitarte ni un solo grito de pánico, ni un salto en la butaca. Solo comparto la emoción colectiva de ser testigos del último rito de los Warren. ¿Seremos capaces de afrontarlo? El 5 de septiembre, las salas de cine (y nuestras almas) lo descubrirán. Porque si algo hemos aprendido de “El Conjuro” es que el verdadero miedo nunca muere… solo espera el momento perfecto para regresar.

Paco Encinar


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