
El cine español está de luto tras la temprana pérdida de Verónica Echegui, una de sus actrices más queridas y respetadas. Nacida en Madrid el 16 de junio de 1983, Echegui creció en una familia ajena a la farándula —su padre era ingeniero y su madre abogada— pero desde niña tuvo claro que su vida estaría vinculada al arte dramático. Tras terminar el bachillerato, ingresó en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid y, más tarde, perfeccionó su talento en la Royal Academy of Dramatic Arts de Londres, mientras se ganaba la vida como camarera. Ese temple, mezcla de humildad y entrega, fue un sello que la acompañó durante toda su carrera.
El gran salto a la fama llegó en 2006, cuando Bigas Luna la eligió para encarnar a Juani en “Yo soy la Juani”. La película fue un fenómeno y Echegui se transformó en un icono generacional, mostrando una fuerza y frescura inusitadas en el cine nacional. Gracias a este papel, recibió su primera nominación al Goya como mejor actriz revelación y se abrió paso en una industria que, desde entonces, no dejó de ovacionarla.
A esta interpretación le siguieron proyectos tan diversos como “El patio de mi cárcel” (2008), con la que volvió a ser nominada al Goya, “Katmandú, un espejo en el cielo” (2012), “La gran familia española” (2013) o “Me estás matando, Susana” (2016), entre otros. En “El patio de mi cárcel” trabajó bajo la dirección de Belén Macías y junto a Pedro Almodóvar en la producción, consolidando su perfil como actriz polifacética y comprometida con los personajes femeninos complejos.
Verónica no sólo brilló ante las cámaras: su talento traspasó fronteras con incursiones internacionales como “Bunny and the Bull” (2009) y “La fría luz del día” (2012), donde compartió escenas con Bruce Willis. Esta proyección internacional le valió el reconocimiento de la European Film Promotion como “Shooting Star” del cine europeo en 2009.
En televisión, su carrera fue igualmente destacada. Tuvo papeles en series como “Fortitude”, “Trust”, “Intimidad”, “Apaches” y, más recientemente, “A muerte” (2025), donde su carisma traspasó la pantalla y conquistó nuevas audiencias. El teatro también fue un refugio creativo; debutó en 2005 con “Infierno” de Tomaz Pandur y regresó a los escenarios con “El amante” de Pinter (2018) y “La Strada” de Fellini (2019).
Además, Echegui fue reconocida por su inquietud y sensibilidad en la dirección. En 2020 debutó como realizadora con el cortometraje “Tótem Loba”, basado en una experiencia personal. La pieza, aclamada por su enfoque feminista, recibió el Goya al Mejor Cortometraje de Ficción en 2022 y posicionó a Verónica como una voz creativa y poderosa también detrás de las cámaras.
A lo largo de su carrera, acumuló numerosos premios —Gaudí, Feroz, Sant Jordi—, y colaboró con cineastas como Icíar Bollaín, Daniel Sánchez Arévalo o María Ripoll. Algunas de sus películas más recordadas incluyen “No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas” (2016), “Seis puntos sobre Emma”, “Orígenes secretos” y la reciente “Yo no soy esa” (2024).
En paralelo a su éxito profesional, su vida personal mantuvo cierta discreción. Durante trece años, compartió relación con el actor Álex García, con quien coincidió en varios proyectos y de quien se separó en 2023.
El legado de Verónica Echegui va más allá de una prometedora carrera truncada. Su entrega, autenticidad y pasión quedarán grabadas en la memoria del cine español y en el corazón del público que la vio crecer, conmover y desafiar estereotipos. Su voz y su mirada seguirán inspirando a generaciones de intérpretes y directores. Verónica Echegui fue, y será por siempre, mucho más que una actriz: fue creadora, icono y embajadora de la emoción en estado puro.