Drew Barrymore, una vida más allá de Hollywood: heridas, valentía y renacer constante

Drew Barrymore es una de las figuras más fascinantes y complejas de Hollywood. Desde que nació en Culver City, California, en 1975, su vida estuvo destinada a la actuación. Pertenece a una legendaria familia de actores, con raíces que se remontan a su abuelo John Barrymore, un icono del cine clásico, y sus tíos abuelos, estrellas teatrales y cinematográficas como Lionel y Ethel Barrymore. Su carrera en pantalla comenzó prácticamente antes de caminar: apareció en un comercial para comida de cachorros antes de cumplir un año y debutó en cine a los cuatro años con «Altered States» (1979), pero fue a los siete años cuando la fama mundial llegó con «E.T. el extraterrestre» (1982). En ese filme, Drew interpretó a la pequeña Gertie, una niña entrañable cuya ternura y espontaneidad conmovieron a la audiencia global.

Sin embargo, detrás de esa imagen de niña prodigio se escondía una infancia llena de dificultades. La presión de crecer en la industria, combinada con una complicada vida familiar y falta de protección adecuada, la llevó a enfrentarse a problemas de adicción desde una edad temprana. A los once años ya tenía serios problemas con el alcohol, y a los doce empezó a consumir drogas. Fue internada en centros de rehabilitación en repetidas ocasiones y vivió fases muy oscuras que incluyeron un intento de suicidio. A pesar de todo, Drew mantuvo la conexión con el mundo del cine, aunque su adolescencia estuvo marcada por episodios de autodestrucción y caos. A los catorce años, publicó su autobiografía Little Girl Lost donde reveló sin filtros la realidad de su vida: una voz auténtica que rompía con la imagen perfecta que muchos tenían de las estrellas infantiles.

A esa edad, Drew tomó una de las decisiones más decisivas para su vida: la emancipación legal. Vivió casi sola en Los Ángeles, afrontando las consecuencias de sus actos y buscando reconstruir un camino personal y profesional. Su regreso a la actuación fue más consciente y calculado, con papeles que mostraban una faceta más adulta y compleja: en «Poison Ivy» (1992) interpretó a una joven sensual y peligrosa, rompiendo con el estereotipo de niña linda que tenía años antes. Su transformación física y actoral causó impacto en la industria y en la opinión pública, que poco a poco comenzó a verla no solo como la niña de E.T., sino como una actriz versátil y capaz de asumir papeles variados.

A lo largo de los años 90 y 2000, Drew construyó una sólida carrera en la pantalla, protagonizando comedias románticas que se volvieron éxitos taquilleros, como The Wedding Singer (1998), Never Been Kissed (1999), y series de acción como Los ángeles de Charlie (2000). En 1995, junto con Nancy Juvonen, fundó Flower Films, su compañía productora, con la que impulsó muchos proyectos exitosos, consolidándose también como productora. Este emprendimiento le dio control creativo sobre sus trabajos y le permitió explorar otros aspectos artísticos, como la dirección, debutando con la película Whip It en 2009.

Aunque en la cima del éxito, Drew siguió mostrando una notable humanidad y transparencia respecto a su vida personal. Nunca ocultó que su infancia y adolescencia fueron turbulentas, y con sinceridad ha hablado sobre cómo la disciplina y el trabajo le dieron estructura cuando todo lo demás parecía desmoronarse. Su actitud frente a sus errores y dificultades transmite una lección de responsabilidad y resiliencia que va más allá de la actuación.

En la última década, Drew se ha diversificado y ha crecido en diferentes ámbitos. Conduce desde hace varios años “The Drew Barrymore Show”, un programa de entrevistas que no solo entretiene sino que inspira y da voz a temas humanos, sociales y de actualidad. Este show refleja su personalidad cálida y genuina, y en 2025 continúa renovándose con contenidos frescos, manteniendo una conexión cercana con su audiencia.

Además, en 2025, Drew forma parte del relanzamiento del icónico programa de concursos “Hollywood Squares”, donde ejerce un rol protagónico como la figura central del tablero. Esta participación no sólo le permite reconectar con formatos televisivos clásicos sino que también muestra su capacidad para innovar y adaptarse a nuevos desafíos.

Fuera de la pantalla, Drew también se ha dedicado a explorar otros intereses, como el diseño de interiores con enfoque en el bienestar, para lo cual ha colaborado con la revista REAL SIMPLE en un proyecto de diseño de espacios saludables y funcionales. Esta faceta refleja su compromiso con promover estilos de vida equilibrados, alejados del estrés y la superficialidad.

En el ámbito social, es embajadora contra el hambre del Programa Mundial de Alimentos de la ONU y ha donado generosamente a causas humanitarias. Usa su alcance para concienciar y ayudar, mostrando que su influencia va más allá del entretenimiento.

En definitiva, Drew Barrymore es una mujer que ha sabido levantar múltiples veces su vida y su carrera. Su historia es un testimonio de superación, resiliencia y creatividad. Desde la niña que conmovió con su inocencia hasta la mujer que hoy irradia autenticidad, Drew continúa siendo inspiración para muchas personas alrededor del mundo que ven en ella la prueba de que, incluso tras las caídas más dolorosas, es posible reinventarse y construir una vida verdadera y plena. Su legado no solo está en sus películas o producciones, sino en su humanidad y en la valentía con la que enfrenta su propia historia, compartiéndola sin filtros y con un mensaje de esperanza y fortaleza que resuena en un mundo que valora cada vez más la verdad y la sinceridad.

Si se busca entender a Drew Barrymore, no basta con revisar su filmografía: hay que sumergirse en la historia de una mujer que transformó sombras en luz y que aún hoy sigue escribiendo nuevas páginas de una vida única e irrepetible.

Paco Encinar


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