
Hace más de dos siglos, Mary Shelley dio luz a una de las historias más emblemáticas y temidas del imaginario popular: Frankenstein. Ahora, en 2025, el maestro del cine gótico contemporáneo, Guillermo del Toro, retoma esta icónica historia con una sensibilidad y un enfoque completamente renovados que no sólo busca asustar, sino también conmover profundamente. La nueva versión de Frankenstein es una obra que tiñe de melancolía y humanidad a un relato tradicionalmente asociado al terror, haciendo que el monstruo y su creador se sientan más cercanos y trágicamente reales que nunca.
Este filme, que se estrenó en el Festival de Venecia y espera su llegada global a Netflix, se presenta como un alegato visual y emocional sobre la soledad, la marginalidad, y las relaciones rotas que habitan tanto en la ciencia como en el corazón humano. Con una atmósfera decimonónica cuidadosamente reconstruida y un elaborado diseño de producción que remite al horror gótico clásico, Guillermo del Toro no solo adapta la novela de Shelley, sino que la reinterpreta a su manera — intensa, poética y personal.
Una visión gótica y emocionalmente compleja
La película nos sitúa en la Europa del Este del siglo XIX, un escenario oscuro y sombrío donde Víctor Frankenstein, interpretado magistralmente por Oscar Isaac, es un científico brillante pero con una obsesión peligrosa. Del Toro lo retrata como un hombre dividido entre la arrogancia de sus logros y la fragilidad de sus emociones internas, una dualidad que lo convierte en un personaje lleno de matices y contradicciones. Frente a él está la criatura de Frankenstein, encarnada por Jacob Elordi, quien nos ofrece una interpretación llena de dolor y humanidad. Esta criatura no es un monstruo para miedo, sino una figura trágica que lucha por encontrar su lugar en un mundo que lo rechaza.
Lo que distingue a esta adaptación es el enfoque puesto en las relaciones entre los personajes, que van más allá del clásico enfrentamiento creador-creación. Guillermo del Toro convierte a Frankenstein en una historia de amor paternal y familiar compleja, donde el proceso de aprender a ser padre y humano emerge como el eje central. Esta mirada íntima y vulnerable, más que las típicas escenas de horror, otorga una profundidad inusitada y conmovedora a la película.
Un despliegue visual y sonoro de excelencia
Como es habitual en las obras de Guillermo del Toro, la estética y el diseño visual juegan un papel fundamental. La atmósfera gótica cargada de detalles expresionistas y el uso de una paleta oscura enriquecen la narrativa. La dirección de fotografía de Dan Laustsen captura la belleza en la decadencia y el terror en lo melancólico, creando imágenes que parecen cuadros vivos.
Igualmente destacable es la banda sonora compuesta por Alexandre Desplat, que acompaña como un latido constante el viaje emocional de los personajes, otorgando a cada escena una carga sentimental que hace aún más profunda la experiencia. Desde los susurros de las sombras hasta los intensos momentos de confrontación, la música se vuelve otro personaje más en esta tragedia.
Reacciones y legado
La crítica ha acogido Frankenstein de Guillermo del Toro con entusiasmo, destacando la valentía del cineasta en crear una adaptación que es a la vez literaria y cinematográfica, moderna y respetuosa con el material original. Fue nominada al León de Oro en Venecia y recibió elogios por su audaz mezcla de terror, drama y poesía visual.
El filme se siente como una obra de amor hacia un monstruo olvidado y malinterpretado, una metáfora sobre los marginados y el poder de la creación humana. Guillermo del Toro mismo ha confesado que esta es la película más personal de su carrera, un proyecto que ha seguido con devoción desde su juventud y que representa una metáfora de su propia experiencia vital, con las pérdidas, los amores y las obsesiones que han marcado su camino.
Frankenstein no es simplemente otra película de terror. Es un relato que interpela sobre lo humano, lo monstruoso y las fronteras que separan ambos estados. Guillermo del Toro ha creado un universo donde la oscuridad se ilumina con sentimiento y donde el monstruo ya no es solo un ente de horror, sino un símbolo de nuestra propia fragilidad.
Con una puesta en escena impecable, interpretaciones memorables y una narrativa que privilegia el alma humana sobre el espectáculo gore, esta película se presenta como una obra imprescindible para amantes del cine, de la literatura clásica y cualquier aficionado a las historias con corazón.
Este Frankenstein es, sin duda, un legado cinematográfico que invita a reflexionar sobre qué define realmente a un monstruo y hasta dónde puede llegar la redención a través del amor y la comprensión.
Paco Encinar