
En el silencio del espacio profundo, un objeto avanza a más de sesenta kilómetros por segundo. No es un visitante habitual del sistema solar. El 3I/ATLAS, detectado el 1 de julio de 2025 por el telescopio de sondeo ATLAS en Chile, se ha convertido en algo más que un fenómeno astronómico: es un espejo donde los humanos proyectan sus miedos, esperanzas y fantasías sobre la vida extraterrestre.
El visitante interestelar
Los astrónomos confirmaron que se trata del tercer cuerpo interestelar jamás observado tras ‘Oumuamua y 2I/Borisov. Su paso más cercano al Sol se producirá el 29 de octubre de 2025, a 1,36 unidades astronómicas, es decir, unos 203 millones de kilómetros. Desde su descubrimiento, el cometa ha mostrado un comportamiento errático: su cola incluso cambió de dirección, un fenómeno que descolocó a los científicos.
La NASA insiste en que no representa ninguna amenaza para la Tierra, aunque su enorme masa —33.000 millones de toneladas— impone respeto. Los observatorios del mundo entero están conectados por una especie de fiebre cósmica que recuerda a los grandes momentos de la exploración espacial, pero también a los augurios de la ciencia ficción.
El astrofísico Avi Loeb, desde Harvard, ha sido uno de los más mediáticos. Ha sugerido que el objeto podría ser una sonda alienígena, acaso una máquina exploradora no humana. Con su habitual ironía, recomendó “coger vacaciones antes del 29 de octubre”. Sus declaraciones avivaron una conversación que ya hervía en redes sociales, podcasts y foros de todo el planeta.
La apertura de los gobiernos y los medios
El segundo semestre de 2025 pasará a la historia como el de la transparencia oficial sobre el fenómeno OVNI. Desde Washington hasta Bruselas, pasando por México y Madrid, los gobiernos han dejado de reírse del tema. La administración de Donald Trump, reelegido en enero, ha impulsado audiencias públicas con exoficiales del Pentágono y de inteligencia para debatir los llamados “Fenómenos Aéreos No Identificados” (UAP), incluso prometiendo desclasificar imágenes hasta ahora secretas.
En paralelo, el estreno del documental “La era de la divulgación”, anunciado para noviembre, ha sacudido el tablero político. Reúne testimonios de 34 miembros de gobiernos y agencias, entre ellos Marco Rubio, quien afirma haber visto “evidencias de naves y seres no humanos”. La producción, elegible para el Óscar, se presenta como un alegato contra ochenta años de encubrimientos.
Este fenómeno mediático ha alcanzado proporciones inéditas: los informativos antes escépticos ahora abren sus portadas con teorías sobre 3I/ATLAS, mientras los científicos piden calma y método. En redes, hashtags como #Atlas3I y #Desclasificación2025 son tendencia. La humanidad se asoma, al menos discursivamente, a la posibilidad de no estar sola.
El eterno dilema: ¿aliados o invasores?
Cada generación proyecta su ansiedad en los visitantes del espacio. En los años 50, en pleno miedo nuclear, las películas mostraban razas hostiles que destruían ciudades con rayos verdes. En los 70, Steven Spielberg cambió el tono con Encuentros en la tercera fase, donde los extraterrestres traían luz, armonía y melodías universales. Dos décadas después, Tim Burton retomó la ironía en Mars Attacks!, con alienígenas grotescos que exterminaban por diversión.
El debate vuelve a latir con el paso de 3I/ATLAS. ¿Y si los visitantes no fueran enemigos? ¿Y si su mensaje no se midiera en lenguaje humano? Algunos filósofos sugieren que el verdadero encuentro no sería entre especies, sino entre formas de conciencia. “Si la inteligencia no humana existe”, escribió el astrobiólogo Jason Wright, “no se comportará como nosotros ni pensará como nosotros; quizá no entienda la violencia o la paz como categorías esenciales”.
En foros de divulgación, la polémica adopta tonos cinematográficos. Los optimistas sueñan con un contacto “a lo Spielberg”, lleno de curiosidad y cooperación científica. Los fatalistas invocan el escenario “a lo Mars Attacks”, donde el poder tecnológico aplasta la ingenuidad humana. De algún modo, ambos bandos reflejan la dualidad de nuestro tiempo: la fe en el progreso y el temor al colapso.
El nuevo imaginario colectivo
La fascinación por lo alienígena no solo ocurre en los telescopios. Lo hace también en los trending topics y en los despachos de poder. Editoriales, pódcast y series documentales exploran un tema antes ridiculizado. La mezcla de IA generativa, astronomía y cultura pop ha dado lugar a una narrativa global donde lo posible y lo legendario se confunden.
La NASA y la ESA han manejado la comunicación con cautela, evitando alimentar conspiraciones. Pero su tono es menos tajante que antes: admiten que el universo podría albergar formas de vida microbianas o avanzadas, y que la investigación debe continuar. En cambio, las agencias militares hablan sin tapujos de “fenómenos aéreos no identificados”, un término más neutral y diplomático. El espacio exterior deja de ser un abismo y empieza a parecer una región compartida.
En América Latina, los canales generalistas han descubierto un filón de audiencia con ciclos sobre extraterrestres, basándose en los informes de inteligencia estadounidenses. En España, los programas de tertulia nocturna ya combinan los datos de la NASA con teorías sobre visitas antiguas o contactos telepáticos. Lo cósmico ha entrado en la sobremesa.
Epílogo: el espejo de los cielos
El 3I/ATLAS atravesará el perihelio el 29 de octubre, brillando en el firmamento antes de perderse para siempre. Tras él quedará una humanidad que lo miró fascinada y temerosa. Tal vez no haya invasiones ni mensajes ocultos, pero sí una verdad reveladora: nada une tanto a los seres humanos como mirar hacia arriba y preguntarse qué hay más allá.
Quizá, como en Encuentros en la tercera fase, lo importante no sea si los otros vienen en son de paz o de guerra, sino si nosotros estamos preparados para reconocerlos como reflejo de lo que somos: criaturas que aún buscan su lugar en el universo.
Paco Encinar