SIEMPRE EXISTIÓ LA SOSPECHA DE QUE SU PROTAGONISTA, MAX SHRECK, ERA UN VAMPIRO REAL
Categoría: PELÍCULAS AÑOS 70, 80 Y 90
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EL REY MIDAS DEL CINE HA HECHO VARIOS CAMEOS A LO LARGO DE SU CARRERA
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EL SADISMO DE ALFRED HITCHCOCK CASI LE CUESTA UN OJO A LA ACTRIZ
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Y CON ELLA LLEGÓ EL ESCÁNDALO: EL FESTIVAL DE CANNES Y LA CONDENA DEL VATICANO
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E.T. EL EXTRATERRESTRE NO IBA A SER EL ENCANTADOR PERSONAJE QUE SUS CREADORES HABÍAN CONCEBIDO EN UN PRINCIPIO.
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El mítico Delorean con el que los protagonistas surcaban pasado, presente y futuro Los viajes en el tiempo han sido un tema recurrente a lo largo de la historia de la literatura y el cine, pero fue «Regreso al futuro» la que sentó las bases de un cine que se repetiría de manera más o menos frecuente en décadas posteriores.
La película nos encandiló a muchos que por aquel entonces éramos solo unos niños que vivíamos la década de los ochenta sin apenas nada pero con una imaginación desbordante, algo mucho más valioso que los videojuegos. Regreso al futuro cuenta una historia muy original desarrollada por un guion muy bien estructurado. En su primera parte se describe a los personajes con una serie de detalles que son fundamentales para la trama que más tarde se desarrollará en el pasado. El protagonista, Marty McFly, protagonizado por un Michael J. Fox en estado de gracia, es un adolescente adicto al patinete y a la guitarra eléctrica, miembro de una familia peculiar, con hermanos un pelín retrasados, un padre bastante retraído e inútil y una madre que le da a la botella.
Un buen día el doctor Emmet, un científico chalado (protagonizado por otro actor, también en estado de gracia, Christopher Lloyd) cita a Marty para mostrarle su último y revolucionario artilugio: un coche provisto de energía nuclear y un condensador de «fluzo» que en realidad es una máquina del tiempo. Sin embargo el ataque de unos terroristas hace que McFly no tenga más remedio que subirse al coche y sin saber lo que hace ponerlo en marcha para huir. Lo que no esperaba era acabar en 1955. A partir de aquí los problemas se sucederán para el joven protagonista, su madre se enamorará de él poniendo en peligro su propia existencia y la de sus hermanos. A esto se le sumará la dificultad de regresar al futuro (en realidad su antiguo presente), que para él se tornará imposible en un 1955 sin energía nuclear con la que poner en marcha la máquina del tiempo. Si a estas alturas de la vida alguien todavía no la ha visto (cosa extraña), le recomiendo que la vea cuanto antes para saber como acaba y poder disfrutar de sus dos secuelas, porque en esta ocasión no es cierto eso de que segundas partes nunca fueron buenas.
UN ÉXITO QUE MARCARÍA EL INICIO DE UNA FRANQUICIA
Siendo conscientes de que habían inaugurado una franquicia de éxito, Steven Spielberg y Robert Zemeckis decidieron rodar de forma simultánea la segunda y tercera parte.
«Regreso al futuro 2» contaría con un guion bastante complicado a la vez que magistral en el que se ponían de relieve las paradojas de los viajes temporales. La película llevaba en esta ocasión al protagonista a un 2015 muy futurista y muy alejado del 2015 real (todavía en aquella época se pensaba que los 2000 inaugurarían una revolución tecnológica sin precedentes con coches voladores y demás) y tendrá que salvar a su propio hijo de un gran aprieto. Sin embargo la segunda parte también llevará a Marty a un pasado ya previamente transitado, jugando un papel importante en la trama un almanaque deportivo con el que la cosa se complicará hasta niveles insospechados.
«Regreso al futuro 3» trasladó la acción al lejano oeste de 1885, al que viaja McFly para rescatar a su amigo Brown. Con esta tercera parte se puso punto y final a una de las trilogías más aclamadas y analizadas de la historia del cine y disparó al olimpo de los dioses a Robert Zemeckis que cuenta en su dilatada carrera con joyas como «Quién engañó a Roger Rabbit», «Forrest Gump» o «Náufrago». Como curiosidad destacar que el pueblo donde transcurre la historia es el mismo que se utilizó para rodar «Gremlins», y es que nadie como Spielberg para rentabilizar y sacar oro de debajo de las piedras.
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Gary Oldman dispuesto a hincarle el diente a una jovencísima Winona Ryder Las anteriores películas sobre Drácula adaptaban en realidad la obra de teatro estrenada en 1927. Resultaba más accesible que la novela de Bram Stoker, una novela epistolar a la que se añadían retazos de los diarios de los protagonistas. El guionista James V. Hart fue el encargado de reconstruir todos eso retazos de cartas y al acabar el manuscrito lo describió como un «Lo que el viento se llevó» pero con sexo y violencia, algo que seducía, y mucho, al público de la década de los noventa. Fue Winona Ryder la que durante un fin de semana en la que se leyó más de una docena de guiones, se topó con esta versión y convenció a Coppola y a Columbia de que la hiciesen realidad. Ella fue la verdadera artífice del proyecto y ni siquiera la acreditaron como tal, pensaron que ya debía de tener suficiente con ser una gran estrella con poco más de 20 años.
Drácula de Coppola tiene el honor de haber estrenado una nueva era para los vampiros. Ya no eran seres repugnantes que saciaban su sed con la sangre de sus víctimas, sino que las seducían y estas caían rendidas a sus pies. Así sucedía con los jóvenes y atractivos vampiros de «Entrevista con el vampiro» o de la saga «Crepúsculo» y un largo etcétera que ha venido décadas después.
Drácula se vendió como la adaptación más fiel jamás rodada, pero a la vez se promocionó como una historia de amor que iba más allá de la muerte con el fin de seducir a un público que poco antes había abarrotado las salas de cine para ver «Ghost». Con este fin se inventaron dos episodios románticos que no estaban incluidos en la novela de Stoker. El primero es un prólogo, con una batalla recreada con sombras chinescas y marionetas que reivindicaba al conde como un patriota y una víctima cuando su mujer Elisabeta, se suicida por culpa de un complot encaminado a hacerla creer que su amado había muerto en el campo de batalla. La segunda modificación fue convertir a Mina en la reencarnación de la mujer de Drácula, con quien el vampiro se reencuentra tras el paso de los siglos. De este modo Drácula se convierte en la película de Coppola en un héroe romántico trágico que ha esperado cuatrocientos años para recuperar al amor de su vida.
En aquella época Francis Ford Coppola podía permitirse rodar lo que quisiera, ya era el director idolatrado por las masas y respetado por la industria. Por eso decidió, en contra de la productora, no emplear efectos digitales en absoluto, que por otra parte en aquella época todavía eran más bien escasos aunque ya empezaban a dar señales de lo que se convertirían en el futuro. Coppola quería que todo lo que se viese en la pantalla hubiese sucedido delante de la cámara, para ello utilizó toda clase de trucos artesanos: diapositivas, superposición de dos rollos de celuloide para contraponer dos imágenes distintas en un solo plano, una calle de Londres construida para la película y especialistas colocados delante de un foco con la difícil tarea de interpretar a las sombras de los personajes, unas sombras que en muchas ocasiones cobraban vida propia.
Entre las curiosidades del rodaje destacar que Coppola invitó a todos los miembros del reparto a su casa durante un fin de semana con el fin de leer libros esotéricos y de vampiros. Una convivencia que exasperó a Anthony Hopkins, muy poco amigo de socializar con sus compañeros de reparto. El director también pidió a su equipo que cualquier idea o sugerencia siempre tuviese su origen en un cuadro o una pesadilla, algo que favoreció un reguero de imágenes que han quedado grabadas en la memoria colectiva.
La película ganó tres Oscars: mejor sonido, mejor maquillaje y mejor vestuario además de envejecer de maravilla, por algo los vampiros son eternos y son capaces de atravesar…»oceanos de tiempo».
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Si el día a día para Eduardo era un suplicio, no queremos imaginarnos lo que suponía para él ir al baño Ser diferente a los demás en ocasiones ha sido una putada bien gorda, hasta que uno se da cuenta que eso le convierte en alguien extraordinario. Eduardo Manostijeras reivindicó al marginado social y de alguna forma fue el alter ego de Tim Burton, un director de cine nada convencional al que siempre han tildado de raro, un raro que ha logrado conquistar Hollywood con su peculiar universo…ya le gustaría eso a muchos que se consideran «normales».
La película surgió de la colaboración entre Burton y la escritora Caroline Thompson, a la que también se ha considerado durante mucho tiempo una tipa «rara». El caso es que de la colaboración entre estos dos raritos salió una de las películas más míticas de la historia del cine y uno de los papeles más queridos por el público y por el propio Johnny Deep , que aunque vive sus horas más bajas por problemas personales, nadie puede arrebatarle el talento y el mérito de ser uno de los mejores actores contemporáneos. Burton le enseñó a Thompson un dibujo de un ser con tijeras en vez de manos que él mismo había pintado cuando tenía siete años y a partir de ahí ella escribió el guion.
Tom Cruise mostró interés por el proyecto pero enseguida empezó a poner pegas al argumento, haciendo preguntas del tipo «¿Cómo puede Eduardo ir al baño?» o imponiendo un final feliz en el que se le implantaban unas manos y se fugaba con Winona Ryder, lo cual incomodó a un Tim Burton que quería mantener su visión de la historia sin que la manosease una mega estrella de Hollywood (no hay que olvidar que sí Tom Cruise sigue siendo uno de los hombres más poderosos de la industria, por aquel entonces prácticamente era Jesucristo predicando en la meca del cine). También se interesaron por el papel Jim Carrey o Michael Jackson pero pronto fueron descartados por el mismo motivo que Cruise: no estaban dispuestos a transigir con la visión del padre de la criatura y eso era algo que Burton no estaba dispuesto a aceptar.
Caroline Thompson hizo que la historia fuese contada como un moderno cuento de hadas, mediante una fábula sobre el momento en el que dejamos de creer en historias infantiles. Una historia en la que los buenos eran muy buenos y los malos eran muy malos y muy idiotas. La película sentaría las bases de lo que hoy entendemos por «universo bartoniano», muy reconocible por sus decorados que mezclan lo barroco y gótico, con paisajes retorcidos y con frecuencia oscuros. Tim Burton es el director cuya estética ha trascendido más en la cultura popular de nuestra generación y casi todas sus películas, por no decir todas, transmiten el mensaje de reconfortar a aquellos niños o seres peculiares que siempre se han sentido raros, solos o marginados, algo que el propio director vivió en sus propias carnes.
Burton recuerda que sus pintas de gótico estrafalario en el instituto hizo que sus compañeros de clase le dejaran a un lado, no se atrevieran a acercarse a él o simplemente le despreciaran. En palabras del propio director, «los que han sido torturados en el colegio o en el instituto nunca en su vida adulta podrán confiar en una jerarquía social que no va a cuidar de ellos»…y razón no le faltaba.
El vecindario en el que vive Eduardo es un microcosmos poblado por vecinas de todo tipo, desde la amable que ayuda al pobre ser de forma desinteresada y prácticamente lo adopta, pasando por la que quiere llevárselo a la cama y se muestra vengativa cuando no lo consigue y aquella que lo maldice y desconfía cada vez que lo ve. El vecindario se muestra al principio curioso, después amable y amistoso cuando ven que Eduardo les puede servir de jardinero y peluquero y que pueden mercantilizar su talento, para acabar revelándose hostiles hacia él cuando descubren que es alguien a quien no van a poder moldear. Un rarito en definitiva que nunca tendrá su lugar dentro del sistema…aunque sea capaz de crear con sus manos, bueno, con sus tijeras, auténticas obras de arte y sea poseedor de un gran corazón. El triunfo de la mediocridad en ocasiones es mucho más organizado y aplastante…una lástima.
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Sir Anthony Hopkins junto a la gran Olivia Colman, que también tuvo su nominación al Oscar por «El padre» Anthony Hopkins le debe mucho a su personaje de Hannibal Lecter en «El silencio de los corderos». Gracias a este papel y a que pudo superar una fuerte adicción al alcohol, el actor británico regaló a los cinéfilos uno de las interpretaciones más impactantes de la historia del celuloide y, a título personal, consiguió alcanzar la fama, después de casi 30 años de ostracismo.
No le fue fácil a Anthony Hopkins conquistar el éxito. Pasó muchos años soñando con trabajar en una película que le encumbrara. Su primera película «The white bus» en 1967, le dio a conocer en un entorno muy diferente al de sus primeros pasos en el teatro.
Después de participar en varias películas de corte histórico, en las que por ejemplo, encaró al mandatario israelí Yithak Rabin en «Victoria en Entebe» o a Adolf Hitler en «El bunker», decide volver en 1984 a Inglaterra pues tenía las puertas cerradas en Hollywood debido a sus problemas personales. De esta etapa destacan dos producciones: «Motin a bordo» y «37 horas desesperadas».
Cuando Jonathan Demme convocó a Hopkins para protagonizar «El silencio de los corderos», éste tuvo dudas en aceptar la oferta pero finalmente dijo que sí al director neoyorkino. Hopkins dio en la diana recreando un personaje malvado y depravado de la forma más atractiva posible. Sus siguientes producciones «Regreso a Howards End», «Drácula», «Lo que queda del día», «Tierras de penumbra» donde encarna al escritor de cuentos Jack Lewis, «Leyendas de pasión», «Nixon» etc.. etc… han confirmado el frenético ascenso de Hopkins, ya reconocido como un actor superior a lo común.
Más recientemente Hopkins se hizo con su segundo Oscar por «The Father» un Oscar que causó revuelo porque, entre otras cosas, se daba prácticamente por hecho que se lo llevaría a título póstumo a Chadwick Boseman y por otra porque el actor ni siquiera se molestó en ir a recogerlo, según muchos porque lo daba por perdido.
Sin embargo, la victoria de Anthony Hopkins levantó controversia. No porque se argumentó que no debía ganar, sino por que algunos aseguran que los Oscar dieron una falsa esperanza de que Boseman lo haría. Esto, porque dejaron su categoría para el final, incluso después de Mejor Película.
Cabe señalar que Boseman había ganado el Globo de Oro, el SAG Award y Critic’s Choice. Pero el premio terminó para Hopkins, quien tenía el Bafta a su nombre. De esta forma, el actor de Black Panther no pudo unirse a la estrecha lista de actores que han ganado un Oscar a título póstumo.