
Fue mucho más que músculos, explosiones y frases icónicas de los años 80. La rivalidad entre Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone, dos leyendas del cine de acción, encarnó una era dorada de Hollywood y una de las historias más jugosas y humanas que ha dado el séptimo arte. Sus carreras estuvieron marcadas no solo por éxitos taquilleros y cuerpos esculpidos, sino por una competencia feroz y, finalmente, una amistad inquebrantable. Esta es su crónica.
Los inicios guionizados por el destino
La chispa se encendió en 1977 durante una entrega de los Globos de Oro. Arnold, con el estreno de “Stay Hungry”, todavía era una promesa inmigrante, pero ganó el premio a Nueva Estrella del Año. Stallone, ese año ya un fenómeno por “Rocky”, perdió en varias nominaciones y se sintió herido por las carcajadas de su rival austríaco. Dicen que le arrojó un tazón de flores a Arnold, dando inicio a una enemistad tan real como legendaria, nacida entre focos y alfombras rojas.
El auge de los titanes
Avanzada la década, ambos se convirtieron en reyes del box office, disputándose quién mataba a más rivales ficticios o sostenía el arma más grande. Schwarzenegger parecía inhumano en “Terminator” o “Depredador”, mientras Stallone, como “Rambo” o “Cobra”, hacía temblar a sus adversarios a fuerza de pura testosterona. En entrevistas, no dudaban en lanzarse pullas: “Yo hacía películas exitosas, él solo imitaba”; “Mis músculos son reales, a diferencia de algunos”.
La competencia rozó tintes infantiloides. Schwarzenegger, astuto, fingió interés por la pésima comedia “Stop! Or My Mom Will Shoot”. Stallone no quiso quedarse atrás y, cegado por el afán de superarlo, aceptó el protagónico… cayendo directo en la trampa: fue uno de los mayores fracasos de su carrera. En las películas, los guiños eran constantes: Arnold parodia a Rambo en “Twins”; Stallone golpea a un imitador de Schwarzenegger en “Tango & Cash”.
Fuera de cámaras: amoríos y negocios
La competencia no se limitó a la pantalla. Cuando Brigitte Nielsen, coprotagonista de “Red Sonja” con Schwarzenegger, terminó saliendo con Stallone y posteriormente casándose con él, la prensa alimentó aún más la leyenda de su rivalidad. A pesar de todo, por mucho tiempo ambos parecían decididos a no cruzar caminos profesionales… ni personales.
Pero el destino tenía otros planes: la franquicia de restaurantes Planet Hollywood, fundada junto a Bruce Willis en los 90, obligó a Arnold y Sly a reencontrarse una y otra vez. Acostumbrados a saludarse con ceños fruncidos, tuvieron que negociar, asistir juntos a eventos y, poco a poco, aproximarse. La competitividad dio paso a la complicidad, y la rivalidad se transformó en respeto.
La redención y una amistad forjada en acero
Ya maduros, ambos reconocieron que el otro había sido una grandísima motivación profesional. “No hay Stallone sin Schwarzenegger, ni Schwarzenegger sin Stallone”, sentenció Sly. Compartieron set en la exitosa saga “The Expendables” y en “Escape Plan”, deleitando a una generación que soñaba con verlos juntos.
Sus entrevistas de los últimos años son un ejercicio de nostalgia repleta de sonrisas cómplices y chistes sobre aquel pasado bronco: “El mejor mérito de la rivalidad fue empujarnos a no conformarnos”, confesó Arnold. “Nos divertimos mucho, aunque entonces quisimos matarnos”, bromeó Stallone.
El legado de una rivalidad mítica
Hoy, la historia de Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone ya no es solo la del “héroe” y el “rival”, sino la de dos hombres hechos a sí mismos, que aprendieron a admirar y valorar a quien alguna vez consideraron enemigo. Su enemistad catapultó sus logros pero, sobre todo, nos enseñó que competir puede sacar lo mejor de nosotros… y que incluso los adversarios más duros pueden acabar tan unidos como hermanos.
Así que, si alguna vez ves sus fotos actuales, brindando juntos o compartiendo anécdotas, recuerda: las leyendas del cine de acción también pueden escribir, a golpe de músculo y corazón, la más épica de las reconciliaciones.
Paco Encinar








