La nueva película de Francis Ford Coppola, Megalópolis, ha estado en boca de todos desde su inicio, no solo por ser un proyecto ambicioso que mezcla un Nueva York futurista con referencias a la antigua Roma, sino también por las polémicas que la rodearon. Coppola, conocido por clásicos como El Padrino y Apocalypse Now, decidió poner todo su empeño (y su dinero) en esta película, un proyecto que llevaba soñando desde hace décadas. A pesar de las expectativas, lo que más ha destacado hasta ahora son los dramas detrás de cámaras, desde renuncias en el equipo hasta acusaciones de abuso por parte del propio director.
La película, protagonizada por Adam Driver y Giancarlo Esposito, sigue a un arquitecto que quiere reconstruir una ciudad utópica después de un desastre. La trama prometía una reflexión profunda sobre la civilización y la lucha entre el poder establecido y las nuevas visiones del futuro. Pero pronto, los rumores sobre problemas en el set empezaron a circular. Parte del equipo abandonó el proyecto por diferencias creativas y presupuestarias, y se dijo que el caos reinaba detrás de cámaras. Coppola, como es su estilo, desmintió estas versiones, asegurando que todo era parte del proceso para lograr su visión final.
Sin embargo, lo más grave ocurrió cuando empezaron a surgir acusaciones de comportamiento inapropiado contra el director. Varias fuentes informaron que, durante la grabación de una escena en un club nocturno, Coppola intentó besar a varias extras para «ayudarlas a meterse en el ambiente». Aunque en un principio Coppola y su equipo negaron estas afirmaciones, el director terminó reconociendo que efectivamente intentó besar a algunas de las mujeres en el set, argumentando que su intención era crear la atmósfera adecuada para la escena. Este hecho generó una gran controversia, especialmente en un contexto donde Hollywood ha sido cada vez más vigilante con el comportamiento de los directores y figuras de poder hacia sus empleados.
A pesar de todo, el equipo principal de la película, incluidos Adam Driver y el productor ejecutivo Darren Demetre, defendieron la producción y al propio Coppola. Driver restó importancia a los rumores, diciendo que la experiencia fue profesional, mientras que Demetre aseguró que las acciones del director no tenían malicia y que solo buscaba animar al elenco. Sin embargo, para muchos, este incidente manchó lo que podría haber sido el gran regreso triunfal de Coppola a la dirección.
Megalópolis, más allá de la polémica, sigue siendo una película que promete una visión futurista y filosófica sobre la civilización, pero ha quedado marcada tanto por la ambición desmedida del proyecto como por las acciones y decisiones del director. Ahora, la pregunta es si el público podrá separar la obra del hombre o si la controversia opacará su legado.
Crónica: La desgarradora historia de los hermanos Menéndez
La irrupción de «Monstruos» en Netflix ha desenterrado una vez más la fascinación del público por uno de los crímenes más notorios de la historia de Estados Unidos: el asesinato de los millonarios José y Kitty Menéndez a manos de sus propios hijos, Lyle y Erik. Esta serie, protagonizada por un soberbio Javier Bardem, profundiza en las oscuras aristas de una historia que, desde su aparición en los titulares en los 90, no ha dejado de conmover y dividir opiniones.
El caso de los hermanos Menéndez, aunque ampliamente cubierto por los medios en su momento, sigue siendo objeto de fascinación. ¿Qué puede llevar a dos jóvenes, criados en la opulencia de Beverly Hills, a cometer un crimen tan brutal? La serie no solo se propone responder a esta pregunta, sino también mostrar las profundas heridas que marcaron las vidas de Lyle y Erik, arrojando luz sobre las circunstancias que los llevaron al parricidio.
Los primeros destellos: un crimen escandaloso
Era la noche del 20 de agosto de 1989 cuando Lyle y Erik Menéndez irrumpieron en la sala donde descansaban sus padres, armados con escopetas. José Menéndez, un magnate del entretenimiento de origen cubano, y Kitty, su esposa, fueron asesinados con una brutalidad que estremeció a toda la nación. Los disparos resonaron en la mansión familiar en Beverly Hills, pero lo que vino después fue lo que verdaderamente conmocionó al público.
Tras el asesinato, los hermanos actuaron como si nada hubiera pasado. Lyle y Erik continuaron con sus vidas de lujo, derrochando el dinero de sus padres en coches deportivos, relojes caros y vacaciones extravagantes. Durante meses, engañaron a la policía y a la sociedad, quienes inicialmente creyeron en su versión de que los Menéndez habían sido víctimas de un violento robo. No fue hasta más de medio año después que sus mentiras comenzaron a desmoronarse, y una confesión hecha por Erik a su terapeuta finalmente llevó a su arresto.
El juicio del siglo: una guerra de narrativas
El juicio de los Menéndez, que comenzó en 1993, se convirtió en un espectáculo mediático. Las cámaras lo transmitieron en vivo, y millones de personas alrededor del mundo siguieron cada detalle con morbosa fascinación. Durante el proceso, los hermanos declararon que el asesinato había sido el resultado de años de abusos físicos, psicológicos y sexuales perpetrados por su padre, José. Según Lyle y Erik, la atmósfera en su hogar era de miedo constante, con su madre incapaz de protegerlos de la violencia de su padre.
Aquí es donde «Monstruos» brilla. Javier Bardem, en el papel de José Menéndez, no solo interpreta a un padre exigente y controlador, sino a un hombre cuyas ambiciones y frustraciones moldearon un hogar lleno de tensiones. Bardem, conocido por su habilidad para dar vida a personajes complejos, logra transmitir una mezcla de arrogancia y vulnerabilidad que hace que el espectador se cuestione quién era realmente José Menéndez. ¿Era un padre amoroso que solo quería lo mejor para sus hijos o un monstruo que los había sometido a años de abusos inenarrables?
Los testimonios desgarradores de los hermanos en el juicio, especialmente los de Erik, quien era apenas un adolescente cuando ocurrieron los hechos, dividieron a la opinión pública. Para algunos, Lyle y Erik eran víctimas que actuaron en defensa propia, tratando de escapar de una vida de abusos. Para otros, eran simplemente jóvenes mimados que querían liberarse de la influencia de sus padres para heredar su fortuna.
Las cicatrices emocionales: el corazón de «Monstruos»
Uno de los mayores logros de la serie es la capacidad de humanizar a los hermanos Menéndez sin justificar sus acciones. Lyle, interpretado por un emotivo actor que comparte pantalla con Bardem en escenas retrospectivas, muestra el daño psicológico acumulado a lo largo de los años. Erik, por su parte, carga con una culpa que lo consume, sumergiéndose en una espiral emocional que lo lleva a confesar el crimen. La serie, al explorar sus traumas, plantea preguntas inquietantes: ¿hasta qué punto el abuso familiar puede destruir a un ser humano? ¿Puede el miedo ser tan grande que empuje a alguien a cometer un acto tan atroz?
El juicio terminó con una sentencia de cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional para los hermanos. A lo largo de los años, su caso ha sido revisado y debatido, con defensores que continúan argumentando que los Menéndez deberían haber recibido un trato más justo, considerando el abuso que sufrieron. Sin embargo, la justicia fue contundente: el asesinato de sus padres, perpetrado con tal brutalidad, no podía quedar impune.
Monstruos en la pantalla, monstruos en la vida
«Monstruos: La historia de Lyle y Erik Menéndez» no es solo un relato de un crimen, sino un examen profundo sobre los efectos de la violencia familiar. A través de las poderosas actuaciones de su elenco, la serie recuerda que detrás de cada titular hay personas rotas, vidas fragmentadas y traumas que nunca sanan por completo. Javier Bardem ofrece una actuación magistral, encarnando a un hombre cuya fachada de éxito esconde un infierno doméstico. Su José Menéndez no es un villano unidimensional, sino un hombre cuyos defectos y abusos lo llevaron a la destrucción de su propia familia.
En última instancia, esta serie nos obliga a mirar más allá de los titulares sensacionalistas y nos invita a reflexionar sobre el precio de las expectativas familiares, el abuso y la búsqueda de justicia. ¿Quiénes son realmente los monstruos en esta historia? ¿Son los padres, por haber creado un hogar lleno de dolor y miedo? ¿O son los hijos, por haber elegido el camino de la violencia para liberarse?
«Monstruos» deja estas preguntas abiertas, recordándonos que, a veces, las respuestas no son tan claras como quisiéramos. Lo que sí queda claro es que, en esta tragedia familiar, no hay ganadores, solo almas perdidas y cicatrices que nunca sanarán.
Las luces de Los Ángeles se apagan al caer la noche, y en las sombras más profundas de su corazón, se alzan lugares donde las historias de horror se vuelven realidad. El Hotel Cecil, un icónico edificio en el centro de la ciudad, es uno de esos lugares. Sus muros han sido testigos de un sinfín de tragedias, misterios y muerte, impregnando sus pasillos con un aura de pesadilla que parece escapar de los límites de lo que llamamos realidad. En este oscuro escenario, Ryan Murphy, creador de la célebre serie American Horror Story (AHS), encontró la inspiración perfecta para una de sus temporadas más perturbadoras: «Hotel», la quinta entrega de esta antología televisiva que, como el Cecil, rebosa de muerte, misterio y tragedia.
El Hotel Cortez en «American Horror Story: Hotel» es un siniestro edificio que, más allá de sus decadentes pasillos, oculta secretos que desdibujan las fronteras entre lo sobrenatural y lo real. Inspirado directamente en el infame Hotel Cecil, la serie no solo canaliza su energía enigmática, sino que también incorpora elementos de casos reales como el de Elisa Lam, una de las desapariciones y muertes más inquietantes del siglo XXI.
El Hotel Cecil: Un Edificio Marcado por la Oscuridad
Ubicado en el corazón de Skid Row, el Hotel Cecil ha sido testigo de una historia manchada de crimen, suicidio y misterio desde su inauguración en 1927. Originalmente concebido como un lujoso alojamiento para viajeros de negocios, su destino tomó un giro radical con la llegada de la Gran Depresión. El área circundante se convirtió en un refugio para los sin techo, los adictos y los marginados de la sociedad, mientras el hotel degeneraba hasta convertirse en una morada para aquellos atrapados en el ciclo de la pobreza y el crimen.
A lo largo de los años, el Cecil fue escenario de numerosos suicidios y homicidios. Entre sus huéspedes más infames se encuentra Richard Ramírez, el «Night Stalker», quien se alojó allí en 1985 durante su ola de asesinatos. También Jack Unterweger, un periodista austríaco que se hospedó en el Cecil mientras investigaba la prostitución en Los Ángeles, pero que en secreto era un asesino en serie que estrangulaba trabajadoras sexuales. Estos nombres son apenas ejemplos de la oscura reputación del hotel, un lugar que, para muchos, parecía atraer la muerte de forma inevitable.
Fue esta atmósfera de fatalidad y decadencia la que atrapó la atención de Murphy, quien construyó el Hotel Cortez de AHS como una verdadera pesadilla arquitectónica. El Cortez, al igual que el Cecil, es un personaje en sí mismo, con un pasado oscuro y un presente que se nutre del sufrimiento de sus ocupantes. No es difícil imaginar que los fantasmas de los antiguos huéspedes del Cecil han inspirado a los espeluznantes habitantes del Cortez, desde vampiros hasta asesinos en serie, todos atrapados en un ciclo de muerte eterna.
El Caso Elisa Lam: Un Misterio Sin Resolver
Dentro de las innumerables historias oscuras del Hotel Cecil, ninguna ha capturado la imaginación pública y el horror colectivo como la desaparición y muerte de Elisa Lam en 2013. Esta joven canadiense de 21 años, que viajaba sola por Los Ángeles, desapareció bajo circunstancias extrañas, pero fue su espeluznante reaparición la que sacudió al mundo.
Elisa fue vista por última vez en un video de seguridad del ascensor del Hotel Cecil, el cual rápidamente se hizo viral. En la grabación, la joven parece actuar de manera errática, pulsando botones de forma descontrolada, asomándose fuera del ascensor como si alguien la estuviera siguiendo, y realizando movimientos extraños con sus manos. El video, sin contexto ni explicación, dejó a millones de espectadores confundidos y asustados. El misterio creció aún más cuando, tras semanas de búsqueda, el cuerpo de Elisa fue encontrado flotando en uno de los tanques de agua del hotel. Los huéspedes habían comenzado a quejarse del sabor y el color del agua, lo que llevó a los empleados a inspeccionar los tanques, revelando así la macabra escena.
Las circunstancias de su muerte siguen siendo objeto de especulación. La autopsia oficial determinó que no hubo signos de agresión ni de consumo de drogas, concluyendo que su muerte fue accidental, probablemente relacionada con su trastorno bipolar. Sin embargo, el acceso a los tanques de agua era extremadamente difícil, lo que plantea la inquietante pregunta: ¿cómo llegó Elisa Lam allí? El misterio alrededor de su caso ha inspirado teorías que van desde lo paranormal hasta conspiraciones de asesinato, alimentando aún más la oscura leyenda del Hotel Cecil.
Murphy, en AHS: Hotel, no dejó pasar la oportunidad de referirse a este caso. Aunque de manera indirecta, el personaje de Sally McKenna, interpretado por Sarah Paulson, parece encarnar elementos del caso Elisa Lam. Sally es una drogadicta atrapada en el Hotel Cortez, víctima de las fuerzas malignas que gobiernan el lugar. En un episodio, se muestra a una mujer joven similar a Elisa Lam, vagando por los pasillos del Cortez antes de morir en circunstancias misteriosas, haciendo un eco inquietante de la historia real.
El Límite Entre la Realidad y la Ficción
Lo fascinante y aterrador de la quinta temporada de AHS es la forma en que juega con el límite difuso entre la realidad y la ficción. Los horrores representados en el Hotel Cortez pueden parecer exagerados, pero tienen raíces profundamente ancladas en hechos reales. El Hotel Cecil, con su historial de muertes y crímenes, y el caso de Elisa Lam, con su inexplicable misterio, son ejemplos de cómo los sucesos más oscuros de la realidad pueden superar la imaginación más macabra.
Murphy ha sido experto en tomar elementos de la vida real y transformarlos en algo aún más retorcido para su serie. No obstante, lo que hace que AHS: Hotel sea tan inquietante es que, a pesar de los toques sobrenaturales, el horror subyacente es real. La historia del Hotel Cecil y Elisa Lam no es simplemente una leyenda urbana; es un recordatorio perturbador de que a veces, los verdaderos monstruos no necesitan ser inventados.
Al final, American Horror Story: Hotel no es solo un relato de horror fantástico, sino un espejo oscuro de un lugar real donde la tragedia y el misterio han dejado una marca indeleble. El Hotel Cecil sigue en pie, habiendo cerrado y reabierto bajo nuevos nombres y gestiones, pero su legado macabro permanece. Para aquellos que conocen su historia, cada puerta que se abre y cada sombra que se mueve en sus pasillos parece susurrar un recordatorio: a veces, la realidad es el peor de los horrores.
El caso de Daniel Sancho ha capturado la atención de los medios de comunicación y del público de una manera que recuerda a la famosa película Asesinos Natos (1994), dirigida por Oliver Stone. En esta cinta, se retrata a una pareja de criminales, Mickey y Mallory Knox, que se convierten en celebridades mediáticas a medida que sus actos violentos son glorificados por la prensa. Algo similar parece estar ocurriendo con Sancho, un joven español que se ha visto envuelto en un escándalo de asesinato que ha dado lugar a un espectáculo mediático digno de un guion de Hollywood.
La historia de Daniel Sancho
Para quienes no estén familiarizados, el caso de Daniel Sancho se centra en el asesinato de Edwin Arrieta, un cirujano plástico colombiano, a quien Sancho mató durante unas vacaciones en Tailandia y descuartizó. Lo que comenzó como una historia trágica de una vida perdida se ha transformado en un circo mediático, con cada nuevo detalle del caso devorado por un público sediento de morbo y sensacionalismo. En este sentido, el tratamiento que ha recibido en los medios recuerda inquietantemente a la forma en que Asesinos Natos explora el culto a la violencia y la fascinación de la sociedad con los criminales.
El circo mediático
Los medios han tenido un papel protagonista en la construcción de la narrativa en torno a Sancho. Desde que la noticia salió a la luz, las cadenas de televisión, programas de radio y portales digitales han estado inundados de información, especulaciones y análisis sobre el caso. Se han creado programas enteros dedicados a desmenuzar cada aspecto de la vida de Sancho, desde su infancia hasta sus relaciones personales, generando un retrato a menudo sensacionalista que no deja de recordar a la figura de Mickey Knox, un asesino que, a pesar de sus crímenes, se convierte en objeto de admiración.
La cobertura ha sido implacable, con detalles sobre su familia, su vida anterior y las circunstancias que lo llevaron a cometer un acto tan horrendo. En lugar de centrarse únicamente en la víctima y el dolor que su familia está experimentando, los medios han optado por ofrecer una narrativa que explora la psicología de Sancho, casi como si se tratara de un personaje de una película. Esto plantea la inquietante pregunta: ¿hasta qué punto los medios alimentan la glorificación del crimen?
Comparaciones con Asesinos Natos
Al igual que en Asesinos Natos, donde Mickey y Mallory se convierten en íconos de la cultura pop y los medios se convierten en cómplices de su ascenso, en el caso de Sancho los medios parecen haber encontrado un nuevo héroe trágico en su historia. Las cámaras persiguen a su familia, y se han realizado múltiples entrevistas con amigos y conocidos que ofrecen opiniones sobre su carácter y motivaciones, a menudo presentando a Sancho como una víctima de circunstancias en lugar de centrarse en el horror de su crimen.
El hecho de que tanto Sancho como Mickey Knox sean tratados casi como figuras de culto resalta la desconexión entre la gravedad de sus actos y la fascinación que generan en el público. En Asesinos Natos, la violencia se convierte en un espectáculo, y en el caso de Sancho, la tragedia ha sido convertida en un verdadero reality show mediático.
El impacto en la sociedad
Este fenómeno nos lleva a cuestionar nuestra propia relación con los medios y el papel que desempeñan en la forma en que percibimos el crimen y la violencia. En un momento en que el consumo de noticias es inmediato y a menudo superficial, el caso de Sancho podría ser un llamado de atención sobre cómo permitimos que el sensacionalismo guíe nuestra comprensión de situaciones trágicas. ¿Estamos, como sociedad, convirtiéndonos en cómplices de esta glorificación del crimen?
La pregunta que queda en el aire es si este tratamiento mediático realmente ayuda a la justicia y al duelo de las víctimas o si, por el contrario, perpetúa un ciclo de violencia y fascinación. La realidad es, sin duda, más compleja que la ficción, pero el eco de Asesinos Natos resuena en cada noticia, cada programa y cada análisis que se hace de este impactante caso.
Al final del día, el caso de Daniel Sancho se encuentra, irónicamente, en una especie de limbo mediático, donde la verdadera tragedia se ahoga en un mar de espectáculo, y la línea entre la vida real y la ficción se vuelve más borrosa que nunca.
Si hay una película que encapsula el caos colorido y desfachatado de los años 80, esa es Buscando a Susan desesperadamente. Este clásico de culto, que mezcla comedia romántica, algo de misterio y sobre todo mucha moda, no solo marcó una época sino que también lanzó a Madonna, la reina del pop, al estrellato en la gran pantalla. ¿La trama? Un lío genial lleno de identidades equivocadas, peinados imposibles y Nueva York como el patio de recreo más loco que puedas imaginar.
El caos ochentero hecho película
La película gira en torno a Roberta (Rosanna Arquette), una aburrida ama de casa que vive una existencia más plana que una tostada sin mantequilla. Un buen día, se obsesiona con los anuncios clasificados donde aparece el misterioso mensaje: “Buscando a Susan desesperadamente”. Susan, claro, es Madonna en todo su esplendor: una chica rebelde, siempre en líos y con un vestuario que parece sacado directamente de un videoclip de MTV. Roberta decide seguir a esta tal Susan, y sin comerlo ni beberlo, se ve envuelta en una confusión de identidades cuando la toman por la propia Susan. Y así empieza el festival de risas, persecuciones, amores y malentendidos.
Madonna, que en 1985 estaba en pleno ascenso de su carrera musical, no es la protagonista absoluta en términos de guion, pero no nos engañemos, roba la pantalla cada vez que aparece. Su look en esta película —la chaqueta con lentejuelas, las medias de rejilla y ese peinado de “me acabo de levantar pero estoy divina”— es probablemente uno de los más icónicos de la década. De hecho, si en Halloween de los 80 no veías a alguien disfrazado de la Susan de Madonna, algo iba mal.
Anécdotas del rodaje: Madonna siendo Madonna
El rodaje de Buscando a Susan desesperadamente está lleno de anécdotas tan estrafalarias como la propia película. Para empezar, cuando Madonna fue elegida para el papel, no era todavía la megaestrella que conocemos hoy. Al principio, la producción no estaba segura de si la cantante tenía lo necesario para actuar. Pero, tras su audición, y con ese carisma arrollador, nadie pudo negarse: Madonna era Susan, en todo su esplendor desordenado y caradura.
Una de las historias más divertidas ocurrió en una escena donde Madonna tenía que rodar en el mítico club nocturno Danceteria, uno de los lugares más icónicos de la vida nocturna neoyorquina en los 80. Danceteria era el sitio donde se encontraban artistas, músicos y todos los excéntricos de la ciudad, así que fue una decisión brillante rodar ahí. Lo gracioso es que Madonna, antes de convertirse en una superestrella, solía frecuentar ese mismo club para intentar convencer a los DJs de que pusieran sus primeras canciones. ¡Hablar de volver a tus raíces! Durante el rodaje, algunos empleados del club recordaban a Madonna como «esa chica pesada que no paraba de insistir». Pero esta vez no necesitó rogarle a nadie, Danceteria estaba a sus pies.
Otra anécdota curiosa es que Madonna llevó su propio vestuario para muchas de las escenas. Resulta que el presupuesto de la película no era tan grande como para costear los looks extravagantes y vanguardistas que ella solía lucir, así que decidió echar mano de su propio armario. La famosa chaqueta de lentejuelas negra con el ojo dorado en la espalda, que se convirtió en un icono de la moda de los 80, era una prenda que la propia Madonna había conseguido en una tienda vintage. Este estilo DIY terminó dándole a la película un toque aún más auténtico y terminó siendo imitado por miles de fans.
El lado salvaje de Nueva York
Filmada en un Nueva York vibrante y algo decadente, Buscando a Susan desesperadamente captura a la perfección la esencia de la ciudad en los años 80. Las calles están llenas de personajes extravagantes, arte callejero y clubs de música donde las luces neón y los sintetizadores son los reyes. Y, cómo no, Madonna encajaba como un guante en este ambiente. Es más, entre las escenas del rodaje, la cantante aprovechaba para escaparse a los clubes nocturnos de la Gran Manzana y seguir creando su imagen como la reina del pop.
El equipo también vivió lo suyo durante el rodaje en la Gran Manzana. En más de una ocasión, tuvieron que detenerse porque los fans de Madonna inundaban las locaciones. La cantante ya estaba en pleno auge con sus hits “Like a Virgin” y “Material Girl”, y la gente la seguía como si fuera la mismísima reina de Nueva York. Cuenta el director, Susan Seidelman, que hubo momentos en que simplemente no podían controlar a la multitud de curiosos que querían ver a su ídolo en acción. ¡Hasta tuvieron que cerrar calles para que la película pudiera seguir adelante!
Un final de película
Buscando a Susan desesperadamente no solo fue un éxito de taquilla, sino que se convirtió en una de esas películas que define a una generación. Aunque Rosanna Arquette recibió muchos elogios por su papel de la confundida Roberta, fue Madonna quien dejó la huella más profunda. La crítica se rindió ante su carisma, su estilo y su habilidad para robarse el show con cada movimiento.
En resumen, Buscando a Susan desesperadamente es una cápsula del tiempo de los 80, una mezcla de caos, moda y una historia que, aunque absurda, tiene un encanto irresistible. Y con Madonna en el centro de todo, luciendo como una diosa rebelde del pop, es imposible no pasarlo bien con este cóctel de risas, moda y aventuras.
Así que, si no la has visto, ya estás tardando en buscar a Susan… desesperadamente o no.
Si alguien te hubiera dicho hace unos años que Barbie, la muñeca más famosa del mundo, iba a tener su propia película, y que además sería un bombazo cinematográfico, es probable que te hubieras echado a reír. Pero en 2023, Greta Gerwig nos demostró que los sueños de plástico también tienen un lado profundo y cachondo con su película Barbie. La mezcla perfecta entre comedia, crítica social y un despliegue visual digno de una fiesta de cumpleaños en una casa de muñecas. Vamos, lo que nadie sabía que necesitaba.
Margot Robbie se calzó los tacones (bueno, los llevó flotando, porque en Barbie Land caminar con los talones en el aire es ley) y se convirtió en la Barbie perfecta: rubia, brillante, y con más seguridad en sí misma que un león en una fábrica de ratones. Y luego está Ryan Gosling, que dio vida a Ken como nunca lo habíamos imaginado. Su Ken es ridículamente guapo, pero también ridículamente inseguro, y su viaje para entender qué significa ser Ken es, simplemente, oro cómico. ¡Barbie es la estrella, pero Ken también quiere su momento al sol!
La trama es más loca que la fiesta de pijamas de una niña de 8 años después de una sobredosis de azúcar. Barbie, que vive en el mundo de Barbie Land, un lugar donde todo es perfecto y siempre rosa, empieza a tener «pensamientos extraños» (¡horror!). Cosas como pensar en la muerte o que sus pies ya no flotan. Con la ayuda de Ken, viajan al mundo real para descubrir qué demonios está pasando. Spoiler: el mundo real es bastante más complicado que Barbie Land.
Rodaje: El rosa se vuelve realidad
El rodaje de Barbie fue tan peculiar como la película misma. Uno de los detalles más comentados fue el agotador esfuerzo de Greta Gerwig por recrear el universo de Barbie Land con sets construidos a mano, incluyendo un tobogán que conectaba directamente con una piscina que parecía salida de una caja de juguetes. Pero lo que más llamó la atención fue la obsesión con el color rosa. ¡Tanto que, según se cuenta, agotaron las existencias de pintura rosa fosforescente a nivel mundial! La diseñadora de producción, Sarah Greenwood, admitió en entrevistas que fue toda una odisea lograr ese look “rosa perfecto”. Si creías que era fácil crear un mundo de Barbie, piénsalo de nuevo.
Las anécdotas del rodaje son tan divertidas como absurdas. Una de las mejores involucra a Ryan Gosling, quien decidió abrazar a su Ken interior y llevó a otro nivel la «Ken-ergeticidad» (como él mismo la llamó). Al parecer, durante los descansos entre tomas, se paseaba por el set con unos patines de ruedas fluorescentes, los mismos que usa en una escena memorable en la que Ken y Barbie patinan por la ciudad. Según el propio Gosling, ponerse en la piel de Ken le hizo replantearse muchas cosas, como por qué nunca había patinado con tanta confianza antes.
Otro momento épico fue cuando Margot Robbie casi se disloca un pie en una de las primeras tomas. En la famosa escena donde Barbie pisa el suelo con los talones en alto, como si fuera lo más natural del mundo, Margot tuvo que repetir la escena varias veces. Aunque no lo parezca, mantener esa postura de pie es algo que ni la más experta bailarina de ballet intentaría por mucho tiempo. Pero Margot, como una Barbie de carne y hueso, lo logró, y ese detalle visual pasó a ser uno de los gags más memorables de la película.
Más que una muñeca: el impacto inesperado
Barbie no solo es divertida y alocada, sino que también te da una bofetada de realidad cuando menos lo esperas. A través de su historia y los personajes, Gerwig toca temas como el feminismo, el patriarcado y la búsqueda de identidad de una manera que nadie veía venir. Barbie, la muñeca que lo tenía todo, se enfrenta al existencialismo. Y Ken, quien siempre fue «el accesorio de Barbie», también descubre que tal vez quiera ser algo más que «Ken» (aunque aún no sepa muy bien qué).
Pero más allá del mensaje, Barbie es un espectáculo visual y una comedia ligera, con momentos absurdos como la lucha entre los «Kens» que parecen sacados de un musical de los años 50 mezclado con una pelea de almohadas. Y sí, la música también es otro de los grandes aciertos, con canciones pegajosas que probablemente tararees durante días después de verla (¡I’m Just Ken es un himno!).
En resumen, Barbie es mucho más de lo que podrías esperar de una película sobre una muñeca. Es divertida, mordaz, visualmente deslumbrante y llena de anécdotas de rodaje que podrían llenar un libro entero. Así que, si aún no la has visto, ya estás tardando en sumergirte en este mundo de plástico rosa, donde, aunque parezca mentira, las muñecas tienen mucho que decir.
Y como diría la propia Barbie: «La vida en plástico, es fantástico… pero no siempre es tan sencillo.»
En 1980, un huracán de músculos, espadas y mitología irrumpió en las pantallas con Conan el Bárbaro, una película que no solo consolidó a Arnold Schwarzenegger como el héroe de acción por excelencia, sino que también nos regaló una aventura épica llena de brujería, bestias y mazmorras que marcaría una era.
Dirigida por John Milius y con un guion coescrito por el mismísimo Oliver Stone, Conan el Bárbaro nos adentra en el mundo oscuro y brutal de la era hiboria, donde los guerreros como Conan, con más bíceps que palabras, se abren camino a base de mandobles de espada. Basada en el personaje creado por Robert E. Howard en la década de 1930, la película nos cuenta la historia de venganza de un joven bárbaro cuya familia es asesinada por el malvado Thulsa Doom (interpretado por el legendario James Earl Jones). Con un guion lleno de silencios dramáticos, pocas líneas de diálogo y muchos rugidos de batalla, Conan se convierte en un personaje mítico que habla más con sus actos que con sus palabras.
El rodaje: una aventura salvaje
La producción de Conan no fue menos salvaje que la película misma. Filmada principalmente en España, en escenarios naturales que daban una sensación realista de desolación y barbarie, el rodaje estuvo plagado de anécdotas que van desde lo cómico hasta lo peligroso. Para empezar, Schwarzenegger, aún lejos de ser la estrella de Hollywood que conocemos hoy, tuvo que someterse a un entrenamiento brutal. Aunque ya era un culturista de fama mundial, aprender a manejar la espada y montar a caballo como un bárbaro no fue tarea fácil. De hecho, durante el rodaje, Arnold tuvo más de un susto con su caballo, que parecía empeñado en tirarlo al suelo en las escenas más complicadas. Pero, fiel a su personaje, el actor nunca se quejó, demostrando que Conan era tan duro en la pantalla como detrás de las cámaras.
Una de las anécdotas más curiosas del rodaje tiene que ver con la espada de Conan. El arma, de unos casi 10 kilos de peso, fue diseñada especialmente para la película y era tan real como peligrosa. Durante una de las escenas de combate, Schwarzenegger accidentalmente golpeó a uno de los extras con la espada, dejándolo inconsciente. El extra se recuperó, pero seguramente no olvidó esa lección de lo que pasa cuando te metes con Conan.
Pero si hablamos de peligros reales, no podemos olvidar el incidente con las serpientes. En la famosa escena en la que Conan pelea contra una gigantesca serpiente, lo que muchos no saben es que, además de la criatura mecánica, había varias serpientes reales en el set. Según se cuenta, en una ocasión, una de las serpientes escapó y causó un pánico momentáneo entre los actores y el equipo, que rápidamente aprendieron a respetar no solo a Conan, sino también a la fauna del rodaje.
El legado de una leyenda
Conan el Bárbaro no solo fue un éxito de taquilla, sino que definió el género de las películas de espada y brujería en los años 80. Con una banda sonora icónica, compuesta por Basil Poledouris, que evoca tambores de guerra y leyendas olvidadas, la película se convirtió en un fenómeno cultural. Aunque recibió críticas mixtas en su estreno, con el tiempo ha sido revalorizada como una obra de culto, especialmente por la actuación casi primitiva de Schwarzenegger, que encarnó al héroe bárbaro con una autenticidad física difícil de igualar.
La película lanzó la carrera de Arnold al estrellato, y aunque muchos lo asocian con personajes como Terminator, para los fans de los mundos de espada y fantasía, Conan siempre será su papel más emblemático. Porque, seamos sinceros, ¿quién no ha soñado alguna vez con blandir una espada gigante, desafiando a los dioses y aplastando a sus enemigos?
En definitiva, Conan el Bárbaro es más que una película, es una aventura salvaje que sigue capturando la imaginación de generaciones. Con un rodaje lleno de anécdotas tan épicas como su trama, Conan nos recuerda que a veces lo único que necesitamos es una espada, un objetivo claro y la voluntad de forjar nuestro propio destino. Como diría el propio bárbaro: «¡Aplastar a tus enemigos, verles destrozados y escuchar el lamento de sus mujeres!». Así es como se forjan las leyendas.